Volem bisbes?
IZARONEWS
julio 2004
Hace ya un buen puñado de años, la «sociedad civil catalana» lanzó una campaña reivindicando el nombramiento de obispos de origen catalán para las diócesis del Principat. Entre otras acciones, la cosa se sustanció visualmente en pintadas que desde las paredes proclamaban el lema: VOLEM BISBES CATALANS! (¡queremos obispos catalanes!). Pues bien, en una barriada obrera del extrarradio barcelonés, alguien con bastante sentido del humor y no menores dosis de mala leche tachó la palabra «catalans» y el signo de admiración final (en catalán no existe el inicial) y trazó un interrogante, de modo que la pintada pasó a proclamar: VOLEM BISBES ? (¿queremos obispos?).
El cuentecillo me lo ha rememorado el reciente nombramiento de Lluís Martínez Sistach como arzobispo de Barcelona. Martínez Sistach viene a substituir en el cargo a Ricard Maria Carles, un valenciano que durante su mandato al frente de la sede barcelonesa ha demostrado ser todo un funambulista de la política: comenzó como hombre de confianza de CiU, se pasó luego con armas y bagajes al PP, y terminó guiñando un ojo a la izquierda y el otro sabe Dios dónde; un artista de la más vieja escuela vaticana, en suma.
Por lo demás, Carles tuvo algunos problemillas con la justicia italiana, de modo que durante años no ha podido efectuar la preceptiva visita anual al Papa. Un fiscal italiano le tenía en busca y captura por un sumario relacionado con un caso de redes delincuenciales y tráficos pecaminosos en Africa, y no era cosa de que al bajar del avión en Roma le estuviera esperando la Guardia de Finanzas para ponerle las esposas. La justicia transalpina llegó a pedir su extradición al gobierno español, pero Felipe González, gentilmente, la denegó (como todo el mundo sabe, la jerarquía católica se lo pagó luego dándole mucho amor; un lince era González para estas cosas...). Tiempo después al fiscal italiano le pusieron una trampa para cazar elefantes y le sacaron a empellones de la escena. El asunto terminó criando polvo, como era de preveer, aunque nunca se ha olvidado del todo.
O sea que Martínez Sistach lo tiene difícil para estar a la altura de su predecesor. El caso es que durante su ceremonia de acceso al cargo, el hombre se arrancó con una arenga que para entendernos, estaba más cerca de la ponencia política de ERC que de la aprobada por CiU, y ello a pesar de que entre los asistentes al acto figuraban el ex president Pujol y señora. El nombramiento de Martínez Sistach restablece pues la preminencia nacionalista en esta sede arzobispal y la adecúa a los nuevos vientos que corren en ese espacio sociopolítico.
Para compensar ese decantamiento y casi simultáneamente al nombramiento de Martínez Sistach, los estrategas vaticanos han nombrado a Jaume Pujol arzobispo de Tarragona, otra sede de gran simbolismo en Catalunya. Si Barcelona representa la «Catalunya real», la del trabajo, la inmigración y los problemas contemporáneos, Tarragona enlaza con la tradición, las raíces y un pasado que se remonta a los primeros tiempos de la cristianización de la Península. Pues a Tarragona ha ido Jaume Pujol, un hombre del Opus Dei, ni más ni menos.
Esta dualidad en los nombramientos habla claro de la costumbre vaticana de no poner todos los huevos en la misma cesta....a menos que sea inevitable. En medio de tanto frúfrú de sotanas y conspiraciones de sacristía, los cristianos de base –santa inocencia- no andan muy satisfechos con los nombramientos. En Tarragona bromean conque el nuevo arzobispo va a poner un cartel en la puerta de la catedral que dirá: «prohibido el paso a toda persona ajena a la obra (es decir, al Opus)». En Barcelona, aunque conscientes de la escabechina de obispos auxiliares que desencadenó Carles, algunas parroquias del extrarradio hubieran preferido un hombre más pegado al terreno de la diócesis y más «comprometido» con el mensaje evangélico –todo aquello de los pobres, ya saben-, y menos con los oropeles del poder.
Pero en fin, ya tenemos nuevos arzobispos catalanes: un «patriota català» y un miembro del Opus. O sea que las dos fracciones de la burguesía local –la catalanista y la españolista-, pueden estar satisfechas: sus oraciones han sido escuchadas.
julio 2004
Hace ya un buen puñado de años, la «sociedad civil catalana» lanzó una campaña reivindicando el nombramiento de obispos de origen catalán para las diócesis del Principat. Entre otras acciones, la cosa se sustanció visualmente en pintadas que desde las paredes proclamaban el lema: VOLEM BISBES CATALANS! (¡queremos obispos catalanes!). Pues bien, en una barriada obrera del extrarradio barcelonés, alguien con bastante sentido del humor y no menores dosis de mala leche tachó la palabra «catalans» y el signo de admiración final (en catalán no existe el inicial) y trazó un interrogante, de modo que la pintada pasó a proclamar: VOLEM BISBES ? (¿queremos obispos?).
El cuentecillo me lo ha rememorado el reciente nombramiento de Lluís Martínez Sistach como arzobispo de Barcelona. Martínez Sistach viene a substituir en el cargo a Ricard Maria Carles, un valenciano que durante su mandato al frente de la sede barcelonesa ha demostrado ser todo un funambulista de la política: comenzó como hombre de confianza de CiU, se pasó luego con armas y bagajes al PP, y terminó guiñando un ojo a la izquierda y el otro sabe Dios dónde; un artista de la más vieja escuela vaticana, en suma.
Por lo demás, Carles tuvo algunos problemillas con la justicia italiana, de modo que durante años no ha podido efectuar la preceptiva visita anual al Papa. Un fiscal italiano le tenía en busca y captura por un sumario relacionado con un caso de redes delincuenciales y tráficos pecaminosos en Africa, y no era cosa de que al bajar del avión en Roma le estuviera esperando la Guardia de Finanzas para ponerle las esposas. La justicia transalpina llegó a pedir su extradición al gobierno español, pero Felipe González, gentilmente, la denegó (como todo el mundo sabe, la jerarquía católica se lo pagó luego dándole mucho amor; un lince era González para estas cosas...). Tiempo después al fiscal italiano le pusieron una trampa para cazar elefantes y le sacaron a empellones de la escena. El asunto terminó criando polvo, como era de preveer, aunque nunca se ha olvidado del todo.
O sea que Martínez Sistach lo tiene difícil para estar a la altura de su predecesor. El caso es que durante su ceremonia de acceso al cargo, el hombre se arrancó con una arenga que para entendernos, estaba más cerca de la ponencia política de ERC que de la aprobada por CiU, y ello a pesar de que entre los asistentes al acto figuraban el ex president Pujol y señora. El nombramiento de Martínez Sistach restablece pues la preminencia nacionalista en esta sede arzobispal y la adecúa a los nuevos vientos que corren en ese espacio sociopolítico.
Para compensar ese decantamiento y casi simultáneamente al nombramiento de Martínez Sistach, los estrategas vaticanos han nombrado a Jaume Pujol arzobispo de Tarragona, otra sede de gran simbolismo en Catalunya. Si Barcelona representa la «Catalunya real», la del trabajo, la inmigración y los problemas contemporáneos, Tarragona enlaza con la tradición, las raíces y un pasado que se remonta a los primeros tiempos de la cristianización de la Península. Pues a Tarragona ha ido Jaume Pujol, un hombre del Opus Dei, ni más ni menos.
Esta dualidad en los nombramientos habla claro de la costumbre vaticana de no poner todos los huevos en la misma cesta....a menos que sea inevitable. En medio de tanto frúfrú de sotanas y conspiraciones de sacristía, los cristianos de base –santa inocencia- no andan muy satisfechos con los nombramientos. En Tarragona bromean conque el nuevo arzobispo va a poner un cartel en la puerta de la catedral que dirá: «prohibido el paso a toda persona ajena a la obra (es decir, al Opus)». En Barcelona, aunque conscientes de la escabechina de obispos auxiliares que desencadenó Carles, algunas parroquias del extrarradio hubieran preferido un hombre más pegado al terreno de la diócesis y más «comprometido» con el mensaje evangélico –todo aquello de los pobres, ya saben-, y menos con los oropeles del poder.
Pero en fin, ya tenemos nuevos arzobispos catalanes: un «patriota català» y un miembro del Opus. O sea que las dos fracciones de la burguesía local –la catalanista y la españolista-, pueden estar satisfechas: sus oraciones han sido escuchadas.

