mayo 28, 2004

La Boda. La contracrónica (o no).

Inédito
mayo 2004

Esto son unas pinceladas acerca de un acontecimiento mediático que todo el mundo jura no haber visto, pero que en realidad paralizó Iberia entera mientras se producía. Había que pasear las calles de ciertas ciudades nada sospechosas en principio de monarquismo-españolismo para darse cuenta; que cada palo aguante su vela, que dicen.

Se comenta que la fecha del 22 de mayo la eligieron tras consultar a eminentes astrólogos. De ser cierto, mal parado ha quedado el distinguido gremio de los que viven de anticipar el futuro. Más que nada porque hubiera bastado con llamar al Servicio de Metereología de la NASA o simplemente consultar el Calendario Zaragozano para saber que si el 22 de mayo no llovía, sería más milagro que otra cosa. Y los milagros escasean últimamente hasta en las bodas reales; incluso los astrólogos de cámara deberían saber eso.

Así que el sábado temprano, con el cielo amenazando tormenta, se levantó el telón sobre Madrid.

La cosa de la llegada de invitados a La Almudena fue un no parar de elegantes parejas. Señoras ataviadas con los más vistosos y caros trapos de la temporada iban del brazo de caballeros vestidos como para ir a ver las carreras del Grand National, con excepción de un selecto grupito de reyes reinantes o con aspiraciones que eligieron el traje de primera comunión, o sea, el de marinerito (con gorra de plato, eso sí). Pocos se salieron de la norma general y vistieron traje normal, entre ellos Cándido Méndez (que se puso corbata), y José María Fidalgo (quien por cierto, días antes en televisión se refirió a un discurso de Felipe de Borbón como «propio de un joven sindicalista»). Por allí andaba también Nelson Mandela, con su chaqueta negra de seda estilo Mao: cosas de la globalización.

Ahora, quien de verdad se llevó la palma fue Rouco Varela, que no sólo estrenó modelito para la ocasión sino que hizo gala de un talante que nada tiene que ver con el buen rollo zapateril: miedo daba verle avanzar solo por la catedral, como un Darth Vader que más que ir a casar a unos novios se dirigiera a devorarlos.

Lo de las señoras y sus galas merece capítulo aparte, naturalmente. Para empezar, los de Protocolo de la Casa Real se confundieron al remitir las invitaciones y convocaron a la Reina y a la Infanta Elena a una corrida de toros en vez de a la boda de su hijo y hermano, respectivamente: no puede tener otra explicación la presencia de las dos damas ataviadas con peineta y mantilla, como si fueran a los tendidos de Vista Alegre. En Madrid había verdadera expectación por ver a doña Elena, y una vez más la Infanta no defraudó.

Por lo demás, entre el resto de las damas asistentes la cosa andaba dividida entre las que llevaban pamela y las que llevaban plumas, centros de mesa y hasta nidos de pájaro en la cabeza. Inenarrable Trini Jiménez, con un sombrero rematado con una galleta gigante; no me fijé, pero seguro que en la espalda del vestido debía llevar publicidad de Fontaneda o similar. Agata Ruiz de la Prada, como siempre, en su línea: vestida como un adefesio. Que esta mujer se gane espléndidamente la vida como diseñadora de moda de la burguesía aznarista, da idea de la capacidad para el mal gusto con mayúscula que tienen los nuevos ricos.

Algunos invitados montaron su propio show. Como el marido de Carolina de Mónaco, quien al parecer desde primeras horas de la mañana tenía problemas con la verticalidad y se quedó en el hotel en vez de ir a la Almudena, aunque al banquete sí llegó; y es que por mucho que digan, el vino de misa no se puede comparar con un buen Rioja. Otro que parecía haber entretenido la espera en compañía de Baco fue Carlos de Inglaterra, cuyo aire ausente y nariz más roja que la del reno de Santa Claus hubieran levantado sospechas en cualquier control de alcoholemia. Uno que dio el golpe ante el público que esperaba a la entrada de la catedral fue el escritor Vargas Llosa, a quien se le escoñó la limusina y llegó a la ceremonia dentro de una tanqueta de la policía; si de ahí no sale una novela corta o al menos un relato, es que a Marito se le ha secado la pluma. David Beckham no estaba invitado, para decepción de tanta niña pija de Serrano que hubiera dado un brazo por verle acudir a la boda vestido de blanco y con botines; y aunque le hubieran invitado quién sabe si habría ido, ocupado permanentemente como está el rubio delantero en hacerse el moño y enpolvarse la nariz (con la polvera de Victoria, no sean mal pensados).

Pero la campanada más sonada la ha dado el coronel en la reserva Amadeo Martínez Inglés, otro eximio showman, quien según se ha sabido ahora dejó en pelotas a todo el dispositivo de seguridad del evento. Según contaba el diario El País el lunes posterior a la boda, Martínez Inglés, que no estaba invitado ni tenía documento alguno que autorizara su presencia allí, se introdujo en La Almudena vestido en uniforme de gala de coronel del Ejército de Tierra y portando bajo la guerrera una pistola reglamentaria. El militar ha declarado que no sólo no le pidieron acreditación en ningún momento, por lo que pudo atravesar uno tras otro todos los filtros de seguridad, sino que tampoco hubo de pasar bajo arco detector de metales alguno, por lo que terminó colándose en la catedral con pistola y todo. Los aullidos en el Ministerio de Interior han debido oírse hasta en Sebastopol.

Claro que al parecer la cosa podría haber sido mucho peor, pues según La Razón ETA habría recogido información previa sobre el recorrido, invitados etc. (entre paréntesis, concéntrense por un momento en la imagen del encapuchado de turno tijera en mano recortando el Hola y el Diez Minutos y luego grabando en vídeo Salsa Rosa y Corazón, Corazón: puro Gila). Dice textualmente La Razón que «La desarticulación del «comando Gaztelu» descubrió los planes de los terroristas, que ya habían planeado volar varias torretas de luz que dejasen Madrid a oscuras el día de la cena de gala». O sea que cuando los inquilinos del Palacio Real vean que se va la luz, ya saben: o no pagaron a tiempo el último recibo o es que ETA quiere fastidiarles la cena; en cualquier caso, con sacar los viejos candelabros asunto arreglado.

Y en fin, sobre la ceremonia propiamente dicha, qué les voy a contar. Lo mejor de todo, la zurra que se dieron entre ellos la tribu de infantes hijos de las Infantas; aunque así empezaron de niños Carlos María Isidro y su hermano, el futuro Fernando VII, y miren la que liaron luego, que quienes saben dicen que ya vamos por la quinta carlistada. Y el «Sí Quiero» de la principesca pareja, precedido de los titubeos casi adolescentes y los ojos emocionados de Felipe, en contraste con la seguridad en sí misma y las miradas en las que relampagueaba el triunfo de Letizia. Y Jiménez Losantos más cabreado que una mona porque las cámaras de Televisión Española no le sacaron ni siquiera en un miserable plano, y en cambio nos mostraron con todo lujo de detalle La Almudena (ya sabemos que don Federico es muchísimo más importante que La Almudena, donde van a comparar, pero ya que la pagamos entre todos al menos que nos la enseñen; aunque bien mirado, a don Federico y a su COPE también les pagamos entre todos vía Rouco y compañía, así que también deberían mostrarlo). Dice Jiménez Losantos que esta parecía una boda protestante o masónica, porque TVE no nos ofreció el momento en el que los ya esposos tomaron la comunión; y es que desde que Alfredo «C-C-O-O» Urdaci ya no manda en TVE, ya casi nada es lo mismo en el Ente.

A la salida hubo un lucido paseo en coche blindado para que los madrileños pudieran aclamar a la real pareja, paseo que fue amenizado con orquestas hábilmente instaladas en diversos tramos del recorrido (indescriptible una dándole al swing de Louis Amstrong al llegar a su altura el coche oficial). No sonó en cambio el regalito de la Comunidad de Madrid a los príncipes que ha perpetrado Nacho Cano, una especie de banda sonora al estilo de las que se oían en las pelis que los Estudios Bronston rodaban en Madrid en los años cincuenta. Por cierto que en el recorrido se evitó cuidadosamente pasar por la esquina de la calle Mayor donde Mateo Morral estuvo a punto de descabezar la dinastía el mismo día de la boda de Alfonso XIII, pero no se fue tan cuidadoso a la hora de seleccionar el sitio desde el cual los contrayentes saludaron al pueblo soberano: ni más ni menos que el balcón central de la Plaza de Oriente, el mismo desde el que arengaba aquel señor bajito con gorra de general y gafas oscuras.¡Qué yuyu!.

En fin, que mientras los recién casados e invitados daban buena cuenta del banquete en el Palacio Real, el pueblo llano de Madrid se abalanzó sobre los ornatos de la boda recién celebrada y se llevó hasta los geranios, despedazando de paso la alfombra ceremonial (ya verán lo poco que tardaremos en ver esos trozos subastados en Internet).

A la misma hora en que tenía lugar el banquete, en un bosque norteño los socios del Ateneo Republicano de Asturias celebraban un acto de homenaje al «oso regicida», el plantígrado que según la leyenda se comió a Don Favila, hijo y sucesor de Don Pelayo. Los republicanos asturianos proclamaron al oso «primer republicano español de la Historia», y como colofón se zamparon una comida campestre de hermandad. Craso error. Habida cuenta de que «la materia ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma», tal como enseñan los científicos más eminentes, debemos deducir que los reales menudillos y otro material íntimo de Favila debieron pasar de alguna manera al oso que se lo merendó, con lo cual en realidad éste habría quedado incorporado por vía indirecta a la Familia Real; una cosa como lo de Iñaki Urdangarín, por poner una comparación, pero en el caso del oso por estricta vía digestiva, no sé si me entienden. O sea, que en realidad estaban homenajeando no a un correligionario sino a un desclasado pasado al adversario.

La iniciativa asturiana ha sido la más comentada, pero tampoco la única. Y es que, en fin, tal como ha escrito alguien estos días, «esta boda ha hecho más republicanos en España que una campaña de Carod Rovira en TVE en horario de máxima audiencia».

Tanto boato, tanta pompa y tanta circunstancia, acaban indigestándose.




En memoria de Terenci Moix

MARXISMO y otros foros
abril 2003

Ayer falleció en Barcelona el escritor Terenci Moix. Tenía 61 años, y padecía un enfisema pulmonar muy avanzado como consecuencia de su adicción al tabaco.

Terenci Moix fue a la vez irreductiblemente barcelonés y hombre sin fronteras en todos los sentidos. Como persona y como personaje público, Terenci jamás tuvo nada que ver con los estereotipos del patricio catalán o del señorito español, arquetipos a los que despreciaba profundamente. Hombre de izquierdas, homosexual, antifranquista, de carácter tan dulce como irónico, deja legiones de amigos y de admiradores, entre los que desde luego no se cuentan los representantes del establishment cultural español o catalán, a quienes no perdía ocasión de escandalizar, zaherir y dejar en ridículo en sus apariciones en los medios.

Sus entrevistas en televisión -cuando desde el poder de turno las permitían-, las convertía en auténticos espectáculos donde asistentes y espectadores acababan riendo a carcajadas al tiempo que aprendían cosas nuevas. Sus pasiones fueron el Egipto antiguo, el cine del Hollywood clásico y la ópera, y sobre ellos escribía con amenidad y erudición. Escritor inmensamente popular, sus novelas se vendían por cientos de miles. Su público era mayoritariamente la gente sencilla y de clase trabajadora, y las clases medias ilustradas y sin prejuicios "patrióticos". Es casi imposible subirse al metro o al autobús en Barcelona y no encontrar a alguien leyendo una novela de Terenci. De "el sueño de Alejandría" por ejemplo se llevan hechas 40 ediciones en 15 años.

De su sentido del humor y de su coraje cívico dan cuenta los que han sido sus últimos gestos. Ayer uno de sus amigos narraba en un programa de la SER cómo la tarde antes de fallecer, Terenci, fumador compulsivo hasta el final, les pidió a quienes le acompañaban que junto a la urna con sus cenizas pusieran un paquete de cigarrillos y, "desde luego", un encendedor, porque dejarle sin fuego "allá" sería una "gran putada". Otro gesto suyo ha sido prohibir tajantemente que tanto a su velatorio como al funeral civil asistan políticos del PP o de CiU, es decir de la derecha española y de la derecha nacionalista catalana. La capilla ardiente se ha instalado en el Saló de Cent, el espacio más noble del Ayuntamiento de Barcelona, y entre ayer tarde y hoy son miles los ciudadanos de a pie que van pasando por allá para despedirse de él. Por último, Terenci dispuso que sus cenizas sean aventadas a la entrada del Valle de los Reyes, en Egipto, sobre los restos de la ciudad y el cementerio donde vivieron y fueron enterrados los trabajadores que construyeron los antiguos monumentos egipcios. El, que amaba profundamente el arte y la cultura egipcia, decía que todo aquello lo habían hecho posible no los reyes y los sacerdotes, sino el pueblo que con su trabajo levantó esas maravillas.

Hoy, en COM Radio, el responsable (es un decir) de Cultura del Gobierno de la Generalitat, el gobierno autónomo nacionalista catalán, se lamentaba hipócritamente de que Terenci hubiera muerto sin haberle impuesto antes la Cruz de Sant Jordi, la máxima distinción que otorga la Generalitat, distinción que por cierto reparten a docenas cada año a mindundis que viven de las subvenciones públicas por el mero hecho de escribir en catalán o que sencillamente comulgan con ideas nacionalistas, gentecillas en todo caso de mucha menor categoría que quien ha sido probablemente el escritor catalán más importante del último cuarto de siglo. Pero Terenci era un tipo incómodo, un catalán que escribía en castellano sencillamente porque le daba la gana, y que no perdía ocasión de mofarse de la "cultureta" catalana y sus miserias pesebristas. El jamás recibió honor alguno del Gobierno catalán, y probablemente no lo hubiera aceptado. A buen seguro que si los mandamases de la cultura catalana hubieran intentado condecorarle, Terenci, con su humor mordaz, les hubiera indicado con toda precisión el sitio por donde podían meterse su Cruz de Sant Jordi y sus elogios.

Moltes gràcies, estimat Terenci.

Joan Reventós. Adiós a un líder

PSOELISTA y otros foros
enero 2004

En la madrugada del martes murió a los 76 años Joan Reventós i Carner, luchador antifranquista, dirigente histórico del socialismo catalán y uno de los referentes políticos y humanos más respetados por toda la izquierda española.

En el velatorio de esta mañana, cientos o quizá miles de personas han ocupado todo el edificio del Tanatorio de Les Corts y los jardines de alrededor. Había allí mucho terno oscuro y mucho traje de raya diplomática, mucho diputado y mucho senador. Pero también muchos viejos militantes obreros sin cargo ni beneficio alguno, gente con muchas décadas de militancia política y sindical acumuladas, gente que muchas veces siguieron a Reventós sin saber muy bien hacia donde iba pero confiados en que era él quien les llevaba.

Proveniente de una familia de la alta burguesía barcelonesa, Joan Reventós apostó desde muy joven por los trabajadores, y luchó por evitar la fractura social y política entre autóctonos e inmigrantes en Catalunya. Para Reventós, el PSC era precisamente el lugar de encuentro y la garantía de que no habría nunca división entre unos y otros. Priorizó la soldadura entre los intereses de las capas populares de ambas comunidades por encima de cualquier otro interés.

Hasta que la enfermedad le derribó hace unos años, estuvo activo políticamente. Fue un hombre bueno. Un líder tímido, nada arrogante. Se equivocó mucho. Acertó otras tantas veces. Jamás insultó a sus adversarios. Era tan honesto que ni le podía pasar por la imaginación que hubiera gente que se dedicara a la política para robar.

Hace 27 años, recién muerto Franco, tuvo lugar en Barcelona el que fue el primer mitin político público autorizado en España desde el fin de la Guerra Civil. En aquella ocasión, Reventós, desde la tribuna de oradores, gritó a los miles de asistentes: "¡¡Hoy estamos sudando socialismo!!", porque aún siendo pleno invierno el calor resultaba infernal en el pabellón deportivo cerrado donde se celebró.

Hoy, en el tanatorio, también hemos vuelto a sudar socialismo por causa tuya, Joan. Aunque hubieran muchos ternos oscuros y muchos trajes de raya diplomática. Pero también estaban los viejos compañeros, a cientos. Y esa, la de los viejos compañeros, la de la gente que lo dio todo por la causa sin esperar nada, es la mejor compañía para irse de este mundo. La compañía que tú has tenido.

A reveure, Joan.

mayo 27, 2004

Las elecciones catalanas del 16 de noviembre

PSOELISTA y otros foros
noviembre 2003

HECHOS

Las elecciones del domingo 16 de noviembre suponen una ruptura sin precedentes del panorama político en Catalunya.

Una primera conclusión es evidente: el PSC, con Pasqual Maragall a la cabeza y por segunda vez consecutiva, vuelve a ganar las elecciones en votos populares absolutos, sacando 7.000 votos de ventaja al segundo partido, CiU, y superando, también por segunda vez consecutiva en unas autonómicas, el millón de votos recibidos.

Sólo una ley electoral infame que en sí misma constituye un instrumento de distorsión de la voluntad popular y una verdadera estafa electoral, una ley ventajista elaborada ex profeso y con carácter “provisional” por UCD en 1980 para evitar la que entonces se temía como victoria segura de la izquierda en las primeras elecciones autonómicas de Catalunya, y que posteriomente CiU ha seguido usando en su provecho durante 23 años, impide que esa nueva victoria se traduzca en una mayoría de escaños.

La estafa consiste en la sobrerrepresentación de las circunscripciones menores –las provincias de Girona y Lleida, especialmente-, zonas de predominio de voto derechista, nacionalista y católico, frente a las de voto de izquierda, articuladas en el entorno metropolitano de Barcelona, que, como es sabido, concentra la mayoría de la población de Catalunya, y en donde reside la clase trabajadora e inmigrante.

Así, mientras un diputado por Lleida cuesta apenas 20.000 votos y uno por Girona 26.000, obtener uno por Barcelona requiere 50.000 votos.

Es decir, un elector rural de la Catalunya profunda vale por entre dos y casi tres electores de la Catalunya industrial y de servicios.

Los datos son claros. El censo electoral de Catalunya está constituido en estos momentos por 5.200.000 personas, de las cuales 3.600.000 residen en Barcelona y su area metropolitana. Si a esta cifra se le suma la población de las restantes capitales de provincia, unos 200.000 electores potenciales más, resulta que un 73% por ciento de la población catalana, es decir tres de cada cuatro catalanes, queda fuera de ese ámbito territorial-sociológico-político que se ha dado en llamar “la Catalunya catalana”, la que históricamente coincide con la vieja Catalunya carlista.

Una segunda clave del porqué la victoria socialista no ha sido más amplia la constituye la abstención de la clase trabajadora, en su gran mayoría de origen inmigrante. Que éste es un factor determinante en el resultado final de estas elecciones (y de las restantes elecciones autonómicas habidas en Catalunya desde 1980), lo avala el hecho suficientemente conocido de que si en las autonómicas catalanas se produjeran los niveles de participación promedio de este sector de la población que se dan en las elecciones generales, los socialistas estarían ahora rozando la mayoría absoluta, y con los que se dan como promedio en las locales, tendrían una mayoría suficiente para poder gobernar aliados con IC.

Así, por ejemplo, mientras que en el conjunto de Catalunya la participación electoral ha sido del 63’40%, en las comarcas más densamente pobladas de Catalunya, las del entorno metropolitano inmediato a Barcelona, ha sido del 59’50% en el Bajo Llobregat, del 60’40% en el Vallés Occidental y del 60’50% en el Garraf. En Barcelona ciudad se ha superado la media catalana, con el 66’70%, debido a la masiva participación registrada en los distritos de clase media y alta, como veremos inmediatamente (fuente de todos los datos estadísticos: Departament de Governació i Relacions Institucionals. Generalitat de Catalunya).

La participación por municipios termina de dibujar el mapa abstencionista: en las grandes urbes del entorno metropolitano, las que superan los 100.000 habitantes, la participación apenas sobrepasó la mitad del censo electoral: Santa Coloma el 53’90%, Badalona el 55%, Hospitalet del Llobregat el 59’20%....

Como dato simbólico de confrontación, en Vic, la llamada “capital de la Catalunya catalana”, votó el 71% del censo electoral. En esas comarcas el voto de cuyos electores vale el doble y casi el triple que el de los habitantes de las barcelonesas, se registraron índices de votación del 73’30% al Pla d’Urgell, del 73’20% en Les Garrigues, del 72’70% en Osona, del 72’20 al Pallars Sobirà....

En cuanto a Barcelona ciudad, los datos oficiales son asimismo claros: en tanto la participación promedio en la ciudad fue del 66’70%, en los distritos de clase trabajadora se registró el 54’50% en Ciutat Vella, el 60’70% en Nou Barris y el 65’40% en Sant Martí, en tanto en los distritos burgueses la participación fue del 74’80% en Sarrià-Sant Gervasi, del 72’80% en les Corts, del 70’50% en el Eixample, y del 70’50% asimismo en Gràcia, y en los Distritos mixtos, del 66’30 en Sant Andreu, del 64’80 en Horta-Guinardó, y del 64’20% en Sants-Montjuic; en estos últimos, la participación por zonas según clases sociales se distribuye de manera idéntica a sus correspondientes en los Distritos donde reside de manera homogénea una sola clase social.

RAZONES

El porqué de la no movilización de la clase trabajadora, de origen inmigrante en su inmensa mayoría, en estos comicios –y en los anteriores de ésta especie-, responde a la conjunción de varios factores, que pueden resumirse así:

- El histórico distanciamiento entre la clase trabajadora y las instituciones de autogobierno de Catalunya, fenómeno que ya se produjo durante la II República –entonces como consecuencia del predominio anarquista en la izquierda-, y la visualización de los valores nacionalistas como intereses pequeño burgueses ligados al dominio y explotación de clase.

- La impermeabilidad de amplias capas inmigrantes a los mensajes integracionistas, lanzados tanto por la izquierda como por la derecha catalanas desde la restauración de la Generalitat en 1977 hasta hoy.

- La percepción de que la izquierda política organizada ha hecho suyos valores ideológicos y culturales propios de las clases dominantes catalanas, y por tanto, ajenos a sus intereses, y de que las propuestas programáticas y electorales que le ofrecen esos partidos no satisfacen sus necesidades y aspiraciones.

Otros factores de carácter secundario en relación a éstos, pero vinculados a ellos y directamente relacionados con el proceso electoral vivido, son:

- Un largo y tedioso período electoral que ha durado más de un año –desde la designación de Artur Mas como sucesor de Jordi Pujol al frente de la candidatura de CiU-, cuyo desarrollo cada vez más americanizado en lo formal a la vez que vacío de contenido político real, ha reforzado la imagen retórica y huera de la actividad política pública, que es la percepción mayoritaria que tiene la clase trabajadora en relación con estos procesos. La expresión “dame el voto”, usada ya por casi todos los políticos profesionales y repetida hasta la saciedad por unos y otros, ejemplifica como pocas la conversión de las campañas políticas en un gran circo guiñolesco.

- La indiferencia de las clases populares hacia los ejes temáticos alrededor de los cuales se ha organizado toda la confrontación en esta campaña, que ha girado exclusivamente en torno a la reforma del Estatut de Autonomía y la creación de selecciones deportivas nacionales catalanas; cuestiones de “soberanía nacional”, carentes de todo interés para los trabajadores. Consiguientemente, la irritación ante el correlato olvido que han sufrido los temas que sí motivan su interés: el paro encubierto mediante el empleo-basura, la temporalización y desregulación del llamado “mercado de trabajo”, el precio especulativo de la vivienda en los barrios populares, la pobreza e indefensión de los pensionistas, la falta de oportunidades para los jóvenes, la privatización y deterioro de los servicios públicos -única garantía de acceso popular a la salud, la educación, la cultura y la promoción social-, y otros asuntos semejantes.

- Una campaña electoral, la del PSC, en la que pueden detectarse algunos errores básicos en su desarrollo y en cuyo diseño y conducción han participado, además de personas de acreditada solvencia y total confianza de Pasqual Maragall, otros personajes cuya incompetencia ya quedó sobradamente demostrada anteriormente, cuando por ejemplo contribuyeron decisivamente a estrellar a Josep Borrell durante su breve etapa como líder electoral del PSOE. El seguidismo respecto a las temáticas y ritmos marcados por la derecha nacionalista durante la precampaña y la campaña propiamente dicha, la falta de respuesta ante algunos retos públicos lanzados por ésta, y la ligereza conque se ha participado en una puja en la que cada día se ofrecían mejoras económico-sociales no contempladas en el programa y cuya financiación no se especificaba, acabaron por restar credibilidad entre su electorado básico a la propuesta socialista para estas elecciones.

CONSECUENCIAS

En lo que se refiere a las consecuencias de orden político, el balance de las elecciones autonómicas catalanas se puede resumir en:

- La recomposición del espacio de la derecha nacionalista, en el sentido de un deslizamiento de representatividad y poder del partido de la gran y mediana burguesía (CiU) hacia el representante de los intereses de la pequeña burguesía (ERC), repitiendo un proceso ya ocurrido en los años treinta entre la Lliga Catalana y la propia ERC. Aunque el movimiento ha sido notable, no ha tenido las dimensiones catastróficas que algunos auguraban a CiU tras la retirada de Jordi Pujol. Ciertamente ERC ha doblado votos y escaños, pero todo ello le ha servido para situarse sólo tres puntos por encima del PP, la referencia española más odiada por el nacionalismo catalán.

- Una recomposición paralela aunque de mucha menor dimensión en el seno de la izquierda, en un proceso por el cual el PSC ha “devuelto” votos prestados por IC en 1999, al haberse integrado entonces esta formación en las candidaturas socialistas de todas las provincias catalanas menos Barcelona, y haber recogido además ahora IC el fruto de su acuerdo con los “hermanos separados” de EUiA (anguitistas y prosoviéticos). Además, IC recupera votos de la abstención, y sobre todo, entre los jóvenes que han protagonizado las movilizaciones en la calle durante el último año y medio. Y a pesar de todo esto, IC sigue siendo el quinto partido en Catalunya.

- La renovación de la condena al ostracismo del PP. La derecha española continúa siendo el apestado de la política catalana, aunque haya avanzado ligeramente en votos y escaños a costa de una pequeña porción del retroceso experimentado por CiU, a quien ha mordido votos en barrios señoriales y, sobre todo, en los barrios más populares. No sólo se veta su presencia en cualquier fórmula de gobierno de la Generalitat que se plantee, sino que nadie cuenta con ellos para nada salvo en el muy improbable caso de que CiU gobernara en solitario con su apoyo parlamentario y la abstención de todos los demás, posibilidad hoy muy remota y que probablemente sería el fin de CiU dentro de cuatro años.

- El fracaso absoluto de la irresponsable política del Gobierno Aznar respecto a Catalunya. Durante meses el aznarismo ha jugado a fondo la baza de la crispación fomentando el choque entre nacionalismos, hasta radicalizar a sectores profesionales y jóvenes pequeñoburgueses y empujarlos en dirección al independentismo; pero a cambio sólo ha obtenido unos pocos miles de votos más para su propio partido, y no ha podido evitar que éste se vea reducido a cuarta fuerza política en Catalunya. Nada que ver con la rentabilidad electoral obtenida en el País Vasco con una política semejante.

- La descolocación y falta de coordinación de la dirección del PSOE encabezada por Rodríguez Zapatero, incapaz de articular en una sola las múltiples y contradictorias voces que en el partido surgen cada vez que se abordan problemas relacionados con la configuración actual o futura del Estado de las Autonomías, mientras crece la sensación de que el control del actual equipo dirigente sobre el conjunto del partido, si alguna vez lo tuvo, disminuye día a día.

CONCLUSIONES

A pesar de que el esquema del reparto del poder político que ha regido la política catalana durante el último cuarto de siglo quedó hecho añicos el pasado 16 de noviembre, sus consecuencias a corto plazo no irán con seguridad más allá de la redistribución de representatividad y poder apuntada anteriormente.

La mayoría de fuerzas en presencia comparten lo que eufemísticamente se denomina “modelo de sociedad”, es decir, defienden sin ambages el modo de producción capitalista, lo que hace imposibles a corto y medio plazo las reformas económico-sociales en profundidad que el país necesita. Precisamente, ese consenso básico es el que permite dibujar múltiples combinaciones posibles a la hora de formar gobierno en mayoría, u obtener apoyos parlamentarios suficientes para uno en minoría.

Tan sólo la cuestión del encaje de Catalunya en las instituciones del Estado español, constituye un punto de fricción real generador de desacuerdo entre las diferentes fuerzas parlamentarias catalanas. Es aquí donde se plantean las diferencias ideológicas y programáticas más claras entre ellas, en función del sector de la burguesía catalana o de las clases populares al que cada una intenta representar. La cuestión de hasta dónde puede o debe llegar la reforma del “marco jurídico político” catalán, por usar la terminología de los nacionalistas vascos, deviene así clave para entender los movimientos que van a producirse en la política catalana durante los próximos años.

Se trata, con todo, de un proceso que o se hará de manera consensuada o no se hará. Tan sólo el PP queda excluído por principio de la posibilidad de participar en esta redefición, lo cual no deja de abrir interrogantes sobre su viabilidad, habida cuenta de que la derecha española previsiblemente continuará gobernando España unos cuantos años más.

Los intereses y necesidades reales de la clase trabajadora poco o nada parecen contar en este proceso de reajuste de un “marco” hacia el que, por otra parte, ésta manifiesta un palpable desapego, tanto para con su formulación actual como para otras posibles –profundización del autogobierno, federalismo-, por no hablar de los planteamientos independentistas.

Es de hacer notar, sin embargo, que si estos intereses y necesidades resultan de nuevo subordinados o directamente marginados, será inevitable que continúe ensanchándose el ya amplio foso que separa a los trabajadores de la política catalana en general y de sus expresiones parlamentarias en particular. Por lo demás, la abstención en los barrios y ciudades de clase trabajadora se traduce, como hemos visto al examinar los resultados electorales, literalmente en un voto a la derecha catalana; de continuar y aún incrementarse este absentismo político, seguirá aumentando paralelamente el rédito electoral de las derechas, y por tanto, la capacidad de maniobra política e institucional de los partidos que las encarnan.

El riesgo que esto conlleva para la convivencia y la estabilidad del sistema es grande, en la medida en que, ante la incomparecencia política de sus adversarios de clase, los partidos burgueses de signo nacionalista se sienten cada vez más fuertes y legitimados, y capaces por tanto de ensayar una apuesta netamente soberanista. Y sin embargo, sumando los votos obtenido por CiU y ERC el 16 de noviembre, el apoyo que han obtenido estas formaciones resulta ser apenas el de una cuarta parte del censo electoral catalán. Sus aspiraciones soberanistas, que ellos traducen como expresión de una “voluntad nacional única” común a toda la ciudadanía catalana, siguen sin seducir al setenta y cinco por ciento del electorado.

En memoria de Mario Onaindía

PSOELISTA y otros foros
septiembre 2003

La muerte de Mario Onaindía a los 55 años nos deja a muchos un sentimiento muy amargo de soledad y frustración. Aunque ya hace cuatro o cinco años tuvo un infarto que a punto estuvo de matarlo, finalmente lo liquidó un cáncer contra el que peleó durante dos largos años.

Así que los de la nueva ETA –nada que ver con la ETA que él y otros como él lideraron en los años sesenta y primeros setenta, en primera línea del combate antifranquista-, se han ahorrado pegarle el tiro que le tenían prometido.

Desde muy joven Mario se comprometió de manera natural con su gente y con su tiempo, y su militancia en el núcleo inicial de ETA fue consecuencia lógica de ese compromiso. La libertad y la democracia pasaban por el combate antifascista, y en el País Vasco de los años sesenta muchos jóvenes como él creyeron en la “propaganda armada” como única vía de salida hacia el futuro. Después, el acoso del aparato represivo franquista y los propios errores que ellos cometieron –y que tan bien analiza Mario en sus Memorias-, les metieron a todos en una espiral acción-reacción que parecía no tener solución.

La culminación de ese escenario fue el juicio de Burgos (1970), donde la dirección de la ETA de entonces se sentó en el banquillo ante un Consejo de Guerra militar. Onaindía aprovechó la tribuna y lanzó un duro alegato antifranquista que levantó entusiasmo en España y fuera de España. La solidaridad y movilización internacional consiguió que se conmutaran las penas de muerte por cadena perpetua, y los siguientes años los pasaron Onaindía y sus compañeros de cárcel en cárcel, hasta serles aplicada la amnistía general de 1978 ya muerto Franco y celebradas las primeras elecciones democráticas, y ser expulsados del país.

Los años de cárcel habían hecho reflexionar al colectivo, y en el caso concreto de Mario su compromiso evolucionó de manera natural del nacionalismo al compromiso social, a la vez que profundizaba su faceta como intelectual y escritor en lengua vasca.

Al regresar del exilio funda junto a Teo Uriarte y otros ex etarras de primera hora Euskadiko Ezquerra (EE, Izquierda de Euskadi), un partido cuyo nombre ya daba muestras de la voluntad de priorizar el componente de clase por encima del nacional en la construcción de un nuevo País Vasco. La originalidad de EE residía en quitar virulencia mítica a una serie de reivindicaciones lógicas de orden cultural específicas de su pueblo, transformándolas en propuestas políticas e integrándolas en el combate por la conquista de mayores cotas de libertad y democracia para todos, con el horizonte nunca renunciado de la construcción del socialismo de manera solidaria con todos los pueblos de España. A muchos, el ejemplo y los textos de EE nos hicieron de izquierdas en la medida en que, discutiéndolos y combatiéndolos desde planteamientos nacionalistas radicales, terminamos por ir absorbiendo sus planteamientos.

Una parte de ETA, la organización denominada ETA Político-Militar, asumió sus propuestas y terminaron por autodisolverse e integrarse en la vida política a través de Euskadiko Eskerra, no sin ver antes cómo el sector mayoritario de ETA asesinaba a su líder, Pertur, precisamente por creer, como Mario y los otros, que “la guerre c’est finie” y que era la hora de hacer política.

En los años siguientes Onaindía y EE continuaron puliendo su proyecto político, que seguía despertando grandes simpatías pero menos adhesiones directas. En la medida que la política vasca se fue encabronando, entre una ETA Militar que empezó a matar todo lo que respirara, un Partido Nacionalista Vasco cada vez más jesuita, Un PSOE perpejo y descolocado, y una derecha española revanchista y anclada en el franquismo, el espacio para EE se fue achicando. Finalmente EE se fusionó con el PSOE vasco, y sus dirigentes y militantes, antiguos militantes de ETA, empezaron a ser asesinados por sus sucesores en la gestión de lo que ya había degenerado en una organización terrorista de manual.

Sin apartarse de la vida política –Onaindia, ya como militante socialista, ha sido el senador más votado de España en una sola elección, precisamente en la provincia de Guipuzkoa, principal centro nacionalista vasco-, Mario se dedicó a sus pasiones nada secretas, que eran el cine y el euskera (la lengua vasca). Escribió sobre cine, especialmente sobre la creación de guiones y sobre la historia de los años fundamentales de este arte, y también ensayos sobre la lengua vasca y varias novelas en ella. Con ironía maliciosa, solía decir que él solo había escrito más páginas en euskera que toda la dirección del Partido Nacionalista Vasco junta.

Su condena de la irracionalidad nacionalista vasca –y en general de todo nacionalismo por irracional e insolidario-, y su defensa de la creación de marcos de convivencia supranacionales estables, le llevó en los últimos hacia posicionamientos cercanos al nacionalismo democrático español, aunque desde luego lejos del españolismo duro y próximo al Partido Popular de otros ex etarras como Juaristi o Azurmendi.

Como dirigente socialista, jamás se involucró en luchas entre fracciones, intentando siempre por contra poner su enorme prestigio personal al servicio de soluciones constructivas y consensuadas.

Las memorias de Mario Onaindía (El precio de la libertad, Espasa Calpe, Madrid), son un material único para entender muchas cosas sobre el País Vasco y sobre España en general en las últimas décadas.

Como decían los viejos anarquistas, “Que la tierra te sea leve, compañero”.







Carta abierta a Joan Clos

INICIATIVA SOCIALISTA
junio 2004

Estimado compañero,

Me dirijo a tí como militante de base del PSC que soy, organización política de la que tú eres dirigente y en representación de la cual has sido cabeza de lista en Barcelona en las elecciones municipales celebradas el domingo 25 de mayo.

Lo hago para manifestarte que estoy muy decepcionado con vosotros. Decepcionado contigo y con el resto de dirigentes del partido.

Mi decepción no tiene que ver tanto con los resultados obtenidos por el PSC, resultados que siendo malos no son todavía catastróficos, sino con vuestra ligereza a la hora de valorarlos, y sobre todo, con la manera en que los habéis hecho inevitables.

Porque, claro, estos resultados no vienen de la nada: por contra, son la consecuencia lógica de las políticas llevadas a cabo en la ciudad y en todo Catalunya, y sobre todo, de la filosofía que inspira estas políticas.

Unos 60.000 barceloneses que votaron la candidatura que encabezabas en las municipales de 1999, no han votado ahora la nueva lista. Habría que añadirles los otros miles de ciudadanos y ciudadanas que a lo largo de los últimos 25 años votaron nuestras candidaturas, y que en algún momento decidieron no volver a votarnos y pasar a la condición de abstencionistas.

Un ejemplo: en el barrio de Carmel, que se supone es uno de nuestros bastiones, sólo votó alrededor del 50% de los censados. Como siempre, muchos puntos por debajo de los barrios acomodados. Y quien dice Carmel, dice Nou Barris, Sant Martí o cualquier otra zona obrera de la ciudad.

Es necesaria ya una explicación de todo esto.

En realidad, tú mismo ofreciste indirectamente la clave la noche del domingo, cuando declaraste públicamente que en estas elecciones la “política” se había impuesto a la gestión; es decir, las elecciones municipales se habían “politizado” (sic).

De entrada, encuentro sorprendente que a un dirigente de un partido socialista la “politización” le parezca algo no deseable, cuando cualquier socialista de base sabe que todo es política en nuestras sociedades contemporáneas. Política, y también ideología.

Apelar exclusivamente a la gestión como capital a presentar en unas elecciones municicipales explica claramente cúal es la ideología de quien eso hace. La gestión por sí misma no define políticamente nada, ya que cualquier profesional de la política que sea honrado aspira a ser un buen gestor de la cosa pública. Y para gestionar bien no es necesario ser de izquierdas; en realidad, los “buenos gestores” sin más, los tecnócratas, suelen ser de derechas, o al menos, hacen políticas de derechas.

Se dirá que Barcelona es una ciudad bien administrada. ¡Sólo faltaría, que no lo fuera!. La honradez y la capacidad es algo que se debe dar por sobreentendido en los hombres públicos, y más en los que representan a partidos de izquierdas.

Pero para un político de izquierdas, la gestión no es un valor absoluto en sí mismo, sino un instrumento de transformación de la realidad. La pura administración de los recursos públicos de manera eficiente entendida como finalidad en sí misma, conduce inevitablemente al apoliticismo de los gestores primero, e inmediatamente detrás, de los decepcionados administrados.

Y hay que recordar que, en democracia, el apoliticismo y el abstencionismo son las dos armas básicas de las derechas para mantener a las izquierdas lejos del poder.

Los barceloneses y barcelonesas de izquierdas queremos mucho más que una buena administración de la ciudad.

Queremos una política de izquierdas para nuestra ciudad. Una política que no sólo mejore el aspecto de nuestros barrios e implemente nuevos servicios, sino que por encima de eso, o mejor dicho, articulándolo en un nivel superior, sea capaz de ilusionar a la gente haciéndola participar en un proyecto político de transformación social, en un verdadero proyecto socialista, que cuestione las bases de la sociedad injusta en la que vivimos.

Y que las cuestione no sólo desde el punto de vista económico y social, sino también ideológico, y por tanto, cultural.

Basta de concesiones a la ideología de la burguesía catalana. Devolvednos nuestro imaginario colectivo, el propio de las clases trabajadoras y populares de esta ciudad y de todas partes; ya estamos hartos de símbolos y mitos burgueses impuestos.

Dicho más gráficamente: más banderas rojas y menos senyeres.

Cada cual es hijo de su clase social, hecho que condiciona decisivamente su cosmovisión y la actuación vital y política que se puede esperar de él. Por tanto, basta de dirigentes de extracción burguesa. En los barrios de clase trabajadora no podemos entender que seáis los hijos de la burguesía catalana quienes interpretéis nuestras necesidades y nuestras esperanzas, y los que gestionéis nuestras organizaciones políticas.

Queremos dirigentes que sean como nosotros y que piensen como nosotros.

Basta de esta clase política transversal, integrada por profesionales perfectamente intercambiables entre las distintas formaciones políticas catalanas.
Basta de pactos que no sean con fuerzas realmente de izquierdas. Vuestra política de alianzas ha permitido el crecimiento en la ciudad y en toda Catalunya de una fuerza política burguesa, ideológicamente reaccionaria y nacionalmente irredentista.

Basta de proyectos de reordenación de la ciudad que, con razón o sin ella, transmiten la sensación de vacío conceptual, y dan pie a operaciones de gran alcance financiero difícilmente asumibles desde el proyecto socialista.

Basta de campañas institucionales y políticas que tratan a la gente como a elementos a los que se puede condicionar, dirigir y hasta programar mediante técnicas de un márketing tan agresivo como simplista. Son un verdadero insulto a la inteligencia.

Basta de tanta autosatisfacción que a menudo transmite una idea de ciudad abrumadoramente lejana de realidades sociales muy duras y cotidianas: paro, inmigración, especulación, desarraigo, marginación, envejecimiento...., son problemas reales y crecientes en la Barcelona de hoy. Menos triunfalismo y más sensibilidad social.

Basta de considerar al partido como tropa auxiliar forzosa de la acción de gobierno.

Basta de fichajes de independientes directamente cooptados a cargos de representación, cuando se trata de personas que en la mayoría de los casos nada aportan al proyecto socialista.

Basta de cooptar dirigentes políticos entre los que integran los círculos de poder en cualquier nivel dentro del partido, y basta de promocionar militantes en razón no de su capacidad sino de su grado de adhesión al poder interno.

Basta de mantener la ficción de unas agrupaciones territoriales inexistentes.

Tenemos cuatro años hasta las próximas municipales. Todavía hay tiempo. Este habría de ser el momento en que tú mismo comiences a preparar de manera ordenada tu relevo y el de tu equipo.

Un relevo que permita que dentro de cuatro años, la candidatura municipal socialista esté formada por un conjunto de compañeros y compañeras que expresen abiertamente la voluntad de llevar a cabo el proyecto socialista de transformación social en nuestra ciudad.

Una candidatura en suma que pueda ser reconocida por las clases trabajadoras y populares de la ciudad como la plasmación de su voluntad de cambio hacia el socialismo, y a la vez, como el mejor y más eficaz instrumento para llevarlo a cabo en Barcelona.


Aforismos de cosecha propia (1)

INÉDITOS

Todo el que contempla el cuadro de Goya «La familia de Carlos IV» tiene la impresión de encontrarse ante la mayor colección de imbéciles que jamás se han asomado juntos a un lienzo.

En materia de relaciones entre sexos, los únicos límites a respetar son los que establecen, por este orden, la estética, la biología y el Código Penal.

En las guerras contemporáneas, lo que se ha perdido en hipocresía se ha ganado en cinismo.

El chapapote que ahogó a Galicia no era fuel, sino la gomina del PP desparramada.

Sólo a una organización de humoristas capaz de llamar «ingenieros» a las personas a las que pone a cavar zanjas, se le ocurriría llamar «inteligencia» al espionaje militar.

Desconfiad de los apolíticos: son todos de extrema derecha.

Si Jesucristo viviera hoy, la Ültima Cena tendría lugar en «Casa Manolo, Comidas Caseras»

No es cierto que dentro de cada patriota haya un nazi, aunque sí lo es que dentro de cada nazi hay un patriota.

Las únicas ciencias reales son las Humanas. El resto es pura estadística.

Un italiano es, simplemente, un español carente de sentido del ridículo.

Para ser comunista es imprescindible no haber leído a Marx. Y en caso de haber ojeado alguna de sus obras, no haber entendido absolutamente nada.





Para entender el oasis catalán. Mixtificaciones y complicidades (1)

INICIATIVA SOCIALISTA
2002

La identificación entre catalán y nacionalista, principal aportación ideológica del pujolismo a la política catalana -"soy catalán y por eso voto al partido catalán", suelen decir sus seguidores-, constituye el corazón mismo de una política hegemonista de clase, y cuya función como instrumento de dominación social vamos a intentar aclarar aquí.

Tal identificación es, desde luego, una pura y burda mixtificación, una impostura, pero ha sido tan sabiamente cultivada desde el poder pujolista, que ha logrado hacer fortuna incluso entre la mayoría de catalanes no nacionalistas; la dimensión que dentro y fuera de Catalunya ha alcanzado esta confusión interesada llega en ocasiones a extremos ridículos.

A efectos prácticos, tal identificación entre país e ideología nacionalista ha comportado una segunda y peor confusión, a saber: la existente entre la organización política que encarna esa propuesta ideológica y la propia estructura de gestión administrativa autonómica de Catalunya. Es así que la Administración pública catalana es hoy mero ejecutor de los sueños, las fantasías y los delirios de la opción política que la gestiona, y simultáneamente, generoso pesebre en el que se alimentan sus deudos.

Para que todo este castillo se sostenga en pie, obviamente hace falta algo más que ideología como cemento.

La perpetuación en el poder de la coalición que lidera Jordi Pujol, y sobre todo, el modo hegemónico en que se viene produciendo, sólo puede entenderse desde la habilidad conque la derecha nacionalista ha sabido ir tejiendo una red clientelar densa y capilarizada, capaz de penetrar en todos los intersticios de la sociedad catalana. Así, la colusión entre lo público y lo privado ha devenido en un fenómeno normal y universalmente aceptado en todo el país.

En ciudades, pueblos y comarcas catalanas, la fusión entre organización política y aparato gubernamental alcanza tales niveles de compenetración simbiótica, que resulta difícil encontrar modelos foráneos con los cuales comparar, al menos en el ámbito europeo. Ciertamente, ninguno de esos posibles modelos tiene que ver con sociedades democráticas avanzadas, y sí con regímenes autoritarios más o menos disfrazados.

Este fenómeno es tan sólo la punta de un iceberg al que en adelante llamaremos nacionalpujolismo, entendiendo por tal la forma ideológica en que la mayoría de la sociedad catalana actual vive su identidad como pueblo y desde la cual interpreta la realidad tanto en la existencia colectiva como en la individual, incluso en los aspectos más cotidianos y aparententemente desideologizados.

Uno de los pilares fundamentales del nacionalpujolismo es el soporte acrítico que le prestan la jerarquía y el clero católicos en Catalunya, lo cual, en una sociedad cuyos referentes míticos tienen raíces profundamente conservadoras, facilita una legitimación ideológica verdaderamente eficaz. El desparpajo con el que la Iglesia catalana contemporánea ha hecho suya la nueva ideología dominante sólo cabe compararlo con el que exhibió durante el franquismo, cuando integró, con todo entusiasmo, en su pensamiento sociopolítico la ideología fascista imperante. La Iglesia catalana ha encontrado en el nacionalpujolismo un perchero adecuado en cual colgar su pensamiento terrenal en materia política, social y cultural, a la vez que un fiel defensor de sus intereses materiales y también de su afán de predominio sobre las conciencias.

Para entender el oasis catalán. El modus operandi (2)

INICIATIVA SOCIALISTA
2002

El éxito del nacionalpujolismo como encarnación del pensamiento único política y socialmente correcto en Catalunya, se debe precisamente a la habilidad conque se ha sabido integrar en él la defensa de los intereses de sectores muy concretos de ésta sociedad, articulándolos y elevándolos a la categoría de intereses generales, y a la capacidad que ha demostrado para generar complicidades fidelizando a los beneficiados por las actuaciones emprendidas bajo su paraguas.

Así, no ha resultado difícil conseguir que comulguen en él no sólo la clase política del país, incluida la mayor parte de la formalmente opositora, sino también sectores intelectuales y profesionales no en todos los casos directamente paniaguados aunque sí siempre promocionados, y también amplias capas populares incapaces de sustraerse a la emoción de un discurso interclasista y bienpensante, tan falsario como halagador para quienes deciden participar en la ficción comunitarista de una construcción nacional que difícilmente concluirá alguna vez, porque, en el fondo, sus impulsores tampoco están demasiado interesados en culminarla en el sentido que dicen demandar.

La ventaja de tener todo un país por construir de aquí a que suenen las trompetas del Apocalipsis, y de disponer para hacerlo de una bien engrasada máquina administrativa -creada desde cero y por tanto modelada a gusto-, es que puede haber sitio y futuro para todos los que, por convencimiento personal o simplemente por carecer de escrúpulos, quieran sumarse al juego. El nacionalismo catalán contemporáneo no divide a los catalanes en razón de RH’s o capacidades craneales, según practican el modelo nacionalista vasco y otros modelos etnicistas y paracientíficos similares, sino en base a la participación o no en una comunión de pensamiento nacionalista a la que en principio todos, sin exclusión, son llamados.

Una amplísima red de grupos, asociaciones y entidades de todo tipo, asociadas al poder y generosamente subvencionadas desde él, constituyen el verdadero armazón sobre el que se sustenta y trenza todo el entramado civil del invento. La capacidad de penetración social del tinglado abarca desde las élites intelectuales del país -a las que se corrompe mediante la creación de universidades políticamente correctas y ricamente dotadas, en tanto las universidades públicas malviven en el abandono y la masificación- hasta los clubs de petanca de barrio frecuentados por jubilados, desde las asociaciones consagradas a la promoción de la cultura tradicional catalana en su versión más light y rancia hasta las organizaciones de inmigrantes de carácter folklórico y apolítico.

Una abundante ensayística y novelística subvencionadas, por último, facilita argumentarios que, en función del público destinatario, apelando en unos casos al irracionalismo sentimental y xenófobo, y en otros, a un cientifismo que se quiere objetivo y suele resultar por contra burdamente manipulador, crea o actualiza mitos y conforma conciencias. Una caterva de historiadores a sueldo viene reescribiendo el pasado reciente o lejano con ejemplar dedicación y resultados ciertamente notables.

Para los refractarios, para los que se autoexcluyen, queda un muy musculado despliegue de retórica sectaria, de arrogancia y de prepotencia. Sea desde los medios de comunicación, desde el mundo asociativo o desde la simple charla de café, el pensamiento único nacionalista es propagado y esgrimido contundentemente contra cualquier disidencia, por matizada que ésta sea, por verdaderos e incansables naciópatas.

Esa presión coactiva forma parte ya de una manera de vivir la cotidianeidad política y social, en la cual, el hecho de que no se produzca violencia física contra los no asimilables se debe más al alto grado de eficacia alcanzado mediante aquella, que a un pacifismo que no suele ser más que puro oportunismo y a una moderación que mal se compadece con la agresividad y crispación que muestra tanto encendido patriota a poca oportunidad que tenga.

Semejante ambiente constituye un caldo de cultivo idóneo para que la corrupción económica florezca con tanta potencia como discreción. Y así es. No sólo los círculos próximos al poder se lucran directamente (casos Casinos, lotería catalana, De la Rosa, fondos de la Conselleria de Treball, etc), sino que más allá de ese primer nivel, y difundiéndose en círculos concéntricos, los suculentos beneficios obtenidos riegan capilarmente insospechados recovecos del país; al cabo, todo queda en casa, y muchos acaban por recibir su porción tarde o temprano.

mayo 26, 2004

Para entender el oasis catalán. Una sociedad narcotizada (y 3)

INICIATIVA SOCIALISTA
2002

Lo hasta aquí reseñado pretende explicar la narcotización en que vive una sociedad antaño activa e inquieta, y ahora plácidamente acomodada en una siesta de la que al parecer no hay nada que sea capaz de despertarla. Así se entiende que veinte años de gobierno apenas hayan supuesto desgaste para Jordi Pujol y su proyecto político. Éste es el verdadero oasis catalán.

Estamos pues ante un proyecto de dominación social triunfante. Una derecha fea, católica y sentimental, tosca y provinciana, se ha alzado con el santo y la limosna en un país supuestamente ejemplo de modernidad y apertura a todos los aires renovadores. Si para que esto haya sido posible ha sido necesario que la izquierda catalana abdicara previamente de la acción política, o si esta abdicación se ha producido precisamente como consecuencia del éxito sin matices del proyecto ideológico aquí descrito, poco importa ahora y es en todo caso materia para estudio de historiadores y politólogos futuros.

Lo realmente importante en estos momentos es que no hay una alternativa ideológica a quienes gobiernan Catalunya. Hay, en todo caso, una alternativa de gestión de la Administración catalana, pero es probable que esto no sea suficiente para movilizar a las clases trabajadoras del país, quienes, con razón, no aciertan a distinguir entre las propuestas políticas y sobre todo ideológicas que les ofrecen desde el gobierno catalán y desde la oposición de izquierdas.

Esas clases trabajadoras, de las que se niega incluso su existencia -al suponérselas parte integrante de esa gran clase media universal de ficción inventada por los neoliberales-, a las que se les ha arrebatado la iniciativa en la acción política y social que tuvieron en Catalunya durante la Transición, y a las que se intenta despojar de su identidad como clase y hasta de sus propios mitos -diluida aquella en beneficio de una supuesta identidad nacional ilusoriamente superadora de los conflictos de clase, substituidos éstos por el repertorio nacionalista al uso-, siguen viviendo en los distritos periféricos de Barcelona y en las comarcas del cinturón industrial más densamente poblado de la Península.

Hoy como ayer, las personas residentes en esos barrios y en esas poblaciones siguen teniendo intereses de clase específicos y un imaginario colectivo que les pertenece, en oposición frontal a los propios de las clases dominantes de éste país y de cualquier otro. Los hechos son tozudos, decía Marx, y efectivamente es cuestión de tiempo y de oportunidad que los conflictos ahora latentes afloren, incluso si quienes se reclaman como dirigentes políticos y referentes culturales de la izquierda catalana siguen empeñados en mantener el consenso ideológico con sus adversarios naturales y en perseverar en la inanidad política e intelectual frente a ellos.

mayo 20, 2004

¡¡Vivan los novios!!

IZARONEWS
mayo 2004

Fue durante la toma de posesión de Juan Carlos como rey (1975). En un momento de la larga y tediosa ceremonia, el príncipe Felipe, que entonces debía tener cinco o seis años, se dirigió en voz baja a su madre: «Mamá, tengo pipí». Sofía de Grecia, seria y hierática como de costumbre, le contestó, igualmente en voz baja y sin mover un músculo: «los príncipes de España no tienen pipí».

Es muy probable que ésta no fuera la última vez en que a Felipe de Borbón y Grecia le recordaran que un futuro rey de España no tiene pipí, ni tampoco derecho a otras muchas cosas. Tampoco nos extrañemos tanto. A un antepasado suyo -que por cierto llevaba su mismo nombre-, la Corte llegó a someterlo a un ritual de exorcismo, contando con la aprobación de la entonces Reina Madre, por la sencilla razón de que el muy cabezota se había empeñado en ver desnuda a su esposa la reina.

Convendrán conmigo en que cuando uno recibe una educación de semejante estilo, de mayor solo puede ser misionero en el Amazonas, marine en Irak o heredero del trono de España. Parece que Felipe, con buen criterio, ha optado por la última posibilidad.

Claro que para poder sentarse en el trono con garantías una vez se haya producido el «hecho biológico sucesorio», hay que pasar previamente por la vicaría, requisito imprescindible en un oficio cuya supervivencia se basa precisamente en la continuidad familiar. Dicho en plata: hay que casarse, para así poder traer hijos al mundo que perpetúen la dinastía. Tan sencillo y tan complicado como eso.

A Felipe de Borbón lo de la boda no parecía hacerle mucho tilín. Entenderán ustedes que, después de haber recibido una educación espartana, militar por supuesto, cuando a los veintitantos años por fin le dejan a uno en paz y resulta que uno es príncipe y el Estado corre con los gastos, el mundo le ofrece un sinfín de posibilidades ninguna de las cuales pasa precisamente por uncirse al dulce yugo matrimonial. Parece lógico pues que Felipe hiciera honor a la fama histórica de su apellido, y a lo largo de más de una década dejara tras de sí un reguero de corazones rotos y de substanciosas facturas, pronto consolados aquellos en otros brazos igualmente glamourosos y amorosamente cubiertas por los Presupuestos Generales del Estado éstas. La vida son cuatro días, y hay que disfrutarla a fondo cuando se puede.

El caso es que en vista de que pasaban los años y el Príncipe no se decidía, la inquietud era creciente y no solo en los círculos monárquicos: a este paso, pensaban muchos, a Felipe de Borbón se le iba a pasar el arroz mientras seguía picoteando de flor en flor. Grandes debieron ser las presiones, y quizá una sola la conclusión final: que se case con quien quiera, sea de sangre azul o verde, pero que se case de una puñetera vez.

Y en eso estamos. La elegida de su corazón ha resultado ser una chica asturiana, ni más ni menos que la compañera de pupitre televisivo de Alfredo «C-C-O-O» Urdaci. Una moza «sin pedigree» de ninguna clase, y de la que dicen quienes la conocen que es brillante en lo suyo, pero también fría, ambiciosa y arrogante; la Reina Catódica, la llaman ya. Una elección bien extraña, en suma, aunque menos que la que gran parte del país creyó entender en las primeras horas en que se anunció el noviazgo de Felipe con «una presentadora de televisión llamada Leticia (con c)»; y fue una lástima, porque si la elegida hubiera sido realmente Leticia Sabater, la Tercera República hubiera estado a la vuelta de la esquina como quien dice.

Total, que ya tenemos aquí el casorio, y como no podía ser menos, hemos tirado la casa por la ventana. Tal como se están haciendo las cosas en Madrid, ésta no es la boda del siglo ni la boda del milenio: esta es la boda de la Era Cristiana.

A los pobres madrileños les ha tocado una vez más la china de cargar con uno de esos eventos en los que los cortes de circulación, los controles policiales y la decoración horrorosa de calles y fachadas, invitan a salir corriendo de la ciudad sin mirar hacia atrás. Ruiz Gallardón se ha volcado, y en palabras del inimitable Jiménez Losantos «Madrid luce hoy como una discoteca del Beirut de los años setenta», genial definición que describe ajustadamente el imperio del mal gusto impuesto a través de una decoración omnipresente y atosigante, resumida en un descoque de colorines chillones y de focos luminosos a lo campo de concentración, y en la que se han tapado las vergüenzas de muchos edificios céntricos mediante lonas gigantescas que reproducen, horror, idílicas pinturas goyescas. La apoteosis del kitsch. Un pasmo, oigan. O como decía mi pobre abuela: «para mear, y no echar gota».

Dicen que, entre pitos y flautas, la cosa nos va a salir por cuatrocientos millones de euros. Quizá sea una exageración maledicente, o quizá no.

De todas maneras, todo es poco para dejar claritas algunas cosas. Cuando ahora hace justamente un año Juan Pablo II visitó Madrid, el portavoz de la divinidad cristiana se hizo la tradicional foto con la Familia Real. Horas después tuvo que hacerse otra foto con la familia Aznar al completo, lo que motivó un comentario sarcástico del Sumo Pontífice: «¿Pero cuántas familias reales tiene España?». Unos meses más tarde, los Aznar casaron a su hija en El Escorial con la pompa y el boato propios de la boda de una Infanta, forzando incluso la asistencia, en un claro papel subordinado, de los Reyes.

Toca por tanto mostrar «urbi et orbe» que dinastía real, lo que se dice Familia Real fetén, en España sólo hay una. Los otros son unos advenedizos provincianos, palabrita del Gotha.

En fin, que gracias a la generosidad de la jefa de esta casa (Izaro News), y a la invitación que me ha pasado un primo que tengo en la Guardia Real, servidor se va el sábado a hacer la crónica en vivo y en directo de la Más Grande Boda Jamás Contada, y de paso a ponerse ciego de espárragos dos salsas y ternera jardinera, que es lo habitual en todas las bodas formales. Les prometo una crónica detallada.


mayo 18, 2004

Don Federico el libertario y la crisis del "periodismo independiente"

IZARONEWS
mayo 2004

Hubo un tiempo en el que Antoñito Herrero reinaba en las ondas radiofónicas españolas al modo en que en los tiempos bíblicos imperaba el Dios del Antiguo Testamento: entre rayos y truenos, y repartiendo trallazos a diestro y siniestro (más bien a siniestro, la verdad sea dicha).

Eran los años de la Larga Marcha del PP hacia La Moncloa. Un camino que dejaron sembrado de innumerables adversarios convertidos en cadáveres políticos, y alguno hasta en cadáver físico (un día les contaré una historia que resume por sí sola la tragedia de tantas vidas arruinadas por estas fieras; una historia que concluyó en el suicidio de su protagonista, incapaz de soportar la presión a que le sometió la jauría mediática derechista). Fueron sin duda años de gloria para el Sindicato del Crimen, el ancestro directo de la actual Brunete Mediática.

Pero Antoñito Herrero se ahogó en mayo de 1992, en un extraño accidente que le sobrevino en Marbella a la vera misma de aquél yate tan chulo que tenía, y en el que por cierto, en vez de la española enarbolaba a popa una curiosa bandera azul con estrellitas y la Union Jack en un ángulo (a saber dónde estaba matriculado el barco, que el patriotismo y los impuestos son dos cosas perfectamente separables para esta gente).

Hubo de pasar un cierto tiempo antes de que el puesto de Gran Martillo de Rojos fuera a parar a manos de don Federico Jiménez Losantos, entonces sólo un joven prometedor aunque especialmente dotado para la infamia y la calumnia, lejos todavía de convertirse en la gloriosa realidad de la radiodifusión mundial a cuya capacidad de fabulación se habría rendido el mismo Goebbels.

Vayamos por partes. Como todo el mundo, Jiménez Losantos tiene ciertamente un pasado, y en su caso un pasado rojo, nada menos. Turolense de nacimiento, estudió en Barcelona y comenzó su andadura política escribiendo en El Viejo Topo y en otras publicaciones de la izquierda radical de los años setenta, aunque a finales de esa década el hombre ya había derivado a posiciones de españolismo militante, que en poco tiempo devendría además en ferozmente ultraderechista. Mientras tanto, y para ir haciendo boca, en 1980, con ocasión de las primeras elecciones al Parlament de Catalunya, fue candidato en la aventura lerrouxista del entonces Partido Socialista de Andalucía, hoy Partido Andalucista.

Poco después, en compañía de Amando de Miguel y de otros barandas por el estilo promovió el Manifiesto de los 2.300, una carga de caballería frontal contra la cultura catalana. En represalia, los chiflados de Terra Lliure le pegaron un tiro en una rodilla, en un atentado esperpéntico (quien al parecer lo llevó a cabo es una persona que ya entonces padecía graves problemas de visión), lo que provocó la desbandada casi inmediata del selecto grupo de intelectuales. Don Federico puso pies en polvorosa y se refugió en Madrid.

Una vez en la Villa y Corte, y ya sin rebozo alguno, Jiménez Losantos comenzó una fructífera carrera como agitador e intoxicador ultraderechista bajo la protección e impulso de Pedro Jeta Ramírez. De su mano pasó por Diario 16 y Antena 3 Radio, y en 1992 saltó a la COPE, adonde llegó, como decía antes, con la intención de llenar el vacío dejado por Antonio Herrero. ¡Y vaya si lo llenó!. Desde entonces, don Federico tiene su trono en el muladar radiofónico que mantienen los obispos españoles con los impuestos que pagamos todos.

Luego vino el triunfo pepero en 1996 y la mayoría absoluta del 2000, y don Federico y el resto del gang mediático se cobraron espléndidamente los servicios prestados y los por prestar. Fueron tiempos de no parar, en aquellos años gloriosos en que Miguel Angel Rodriguez dirigía el asalto una tras otra de las empresas de comunicación “refractarias” o simplemente “neutrales”, con argumentos tan contundentes como los que hizo valer por teléfono ante Antonio Asensio -patrón del Grupo Z-, que se resistía a entregarles Antena 3, a quien luego de insultar y amenazar personalmente, Rodríguez advirtió: “y dile a tu jefe (Jesús de Polanco, con quien Asensio acababa de firmar un acuerdo), que va a acabar en la cárcel, que vamos a ir a por él, y que si él tiene guardaespaldas el Gobierno tiene más” (conversación referida por José Oneto en carta que fue presentada como prueba documental por Asensio ante el Congreso de Diputados, y recogida en “Aves de raPPiña”, de Jesús Mota, en Temas de Hoy, Madrid 2001. Jesús Mota ha sido director del conocido diario económico Cinco Días).

Pero llegó el 14 de marzo de 2004, y puso fin a tanta felicidad.

En realidad, y en términos de estricta gestión empresarial, las luces rojas ya se habían encendido bastante antes, aunque los integrantes del gang comunicacional pepero siguieron alegres y contentos saqueando la cueva del tesoro como si el filón nunca fuera a agotarse. Realmente, parecía que aquello no iba a acabar nunca. Y contando con el BOE y los Presupuestos Generales del Estado, ¿quién dijo crisis?.

Ha sido así que la derrota de la derecha española y el estrepitoso final del aznarismo han pillado a don Federico y colegas a contrapié. No se lo esperaba, don Federico, y el hombre está furioso. Muy furioso. Tanto que su ira ya no golpea solo a socialistas, vascos y otras especies asimilables. Don Federico truena ahora porque, según él, el Gobierno del PP entregó conscientemente el poder al PSOE y a su supuesto amo, Jesús de Polanco.

Dice don Federico que el Gobierno Aznar se vendió a Polanco; él lo sabe de buena tinta. Según “informa” en su confidencial www.libertaddigital.com , la crisis de Onda Cero, por ejemplo, no es tal crisis, sino el asesinato de esa cadena de radio ejecutado por el gobierno del PP obedeciendo órdenes del Grupo PRISA.

Y sabe también don Federico que después de Onda Cero caerán la COPE y la televisiva Antena 3, y la mayoría de empresas mediáticas integradas en lo que don Federico llama “periodismo independiente” (es decir, el agrupado en el terrario de reptiles que el PP ha alimentado todos estos años con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, bien sea directamente –caso de las aportaciones recibidas por la Conferencia Episcopal Española, y también por otras sociedades-, o bien a través de empresas que, como Telefónica, fueron privatizadas para, entre otras finalidades, hacer que aportaran el dinero con el que se constituyó la base del pool mediático al servicio del PP que diseñó Miguel Angel Rodríguez).

A don Federico se le olvida, claro está, que en realidad esas empresas mediáticas están falleciendo reventadas por la gestión corsaria que en ellas se ha llevado a cabo durante estos años en beneficio, entre otros y sin ir más lejos, de las “Superestrellas de la Comunicación Radiofónica”, categoría en la que se engloba gente como él mismo, como Luis Herrero, como José María García y como el resto de la tripulación pirata de “periodistas independientes”; gente cuyos contratos, como denunció la propia empresa cuando la salida de García de la COPE, han llegado a sobrepasar holgadamente los mil millones de pesetas anuales, blindajes y otras sinecuras aparte.

Ni siquiera Telefónica pudo soportar tanto despilfarro. Ya lo advirtió César Alierta cuando tomó posesión como presidente de esa empresa, y lo cumplió iniciando al poco la retirada de inversiones en las empresas del holding comunicacional pepero. Lo que por cierto le valió a Alierta una campaña de acoso por parte de Pedro Jeta Ramírez, directamente perjudicado por la limpieza llevada a cabo por éste en Onda Cero. Descapitalizadas y con el grifo de las subvenciones cerrado, las empresas mediáticas al servicio del PP, y no sólo las radiofónicas y audiovisuales, están inevitablemente abocadas al cierre una tras otra.

Pero a don Federico todo eso le da igual. Don Federico cree que fue Aznar quien se traicionó a sí mismo y les traicionó a todos. Un gran analista, don Federico. “Independiente”, por supuesto.

Tampoco Mariano Rajoy escapa a su ira. Tras su derrota del 14-M, Jiménez Losantos, caritativo y sutil como siempre, le ha rebautizado “MariConPlejines”. Según don Federico, la blandura de Rajoy habría contribuido decisivamente al triunfo socialista, al ser incapaz de hacer frente a la avalancha roja forzando la suspensión de las elecciones, el estado de excepción o cualquier otra medida que hubiera impedido la victoria de rojos y separatistas.

Y es que a don Federico le duele España. Pero que conste que no es por interés propio. A él le duele España porque es un defensor, el último quizá, de la libertad: don Federico Jiménez Losantos, el último libertario.

mayo 12, 2004

Un asunto de cuernos

IZARONEWS
abril 2004

El Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado recientemente por votación mayoritaria una moción en que se manifiesta contrario a las corridas de toros, y declara Barcelona como “ciudad antitaurina”.

Qué quieren que les diga, yo hubiera preferido que los dignos munícipes barceloneses declararan mi ciudad “libre de accidentes laborales”, “ciudad antiempleo-basura”, o “municipio en guerra contra el transporte privado”. Pero vale, lo de los toros puede ser un comienzo.

La actual campaña antitaurina no viene de nuevo. Las corridas de toros siempre han tenido mala prensa entre la burguesía catalana, y ello por razones ajenas a la brutalidad innegable del espectáculo en cuestión, que en realidad, tampoco es tan lejana de la que ofrecen día sí día también decenas de miles de energúmenos vociferando y zurrándose en los campos de fútbol.

Los toros fueron en Barcelona, hasta finales del siglo XIX, un espectáculo popular e interclasista, que por alguna extraña razón cuando la corrida no era del gusto del público solía terminar con el incendio de iglesias y conventos. La burguesía triunfante dejó de asistir a las corridas cuando empezó a preocuparse por enmascarar con una pátina de cultura la zafiedad de sus gustos primigenios, propios de sus orígenes campesinos y menestrales de la época; para dotarse de respetabilidad, los burgueses cambiaron los tendidos taurinos por los palcos del Liceu, y, por imitación, el pueblo llano empezó a considerar que eso de pasárselo bien viendo como se convierte a un animal en un pinchito sangrante, era poco fino.

De bastantes años hacia aquí, en la plaza de toros barcelonesa solo se ven rebaños de turistas, y algunos, muy pocos, aficionados locales, en general de origen inmigrante.

Y por ahí van los tiros. Seguro que los proponentes de la moción no han querido fastidiar a los turistas, que al cabo van al sitio que les lleven, sea la Sagrada Familia o sea una corrida de toros. Adonde realmente apunta la moción es a erradicar lo que –erróneamente- se interpreta como “una seña de identidad nacional ajena a la nuestra (la catalana)”. Que a los andaluces en particular y a los españoles en general les gusten más o menos las corridas de toros, vayan o no a las plazas, no debería ser motivo de preocupación para los defensores de la pureza cultural identitaria catalana, o al menos no en grado superior al que debería provocarles el fanatismo existente por ese espectáculo de origen anglosajón llamado fútbol, en el que por cierto de vez en cuando se derrama sangre humana y no precisamente en el terreno de juego.

A lo peor el problema de los proponentes con las corridas de toros no radica tanto en el espectáculo (o lo que sea eso) en sí mismo, sino en la percepción ideológica que tienen de él y en los dividendos políticos que se pueden obtener atacándolo (o defendiéndolo). Ya se sabe que los toros no votan, pero los taurinos y los antitaurinos sí.

Será curioso ver, de todas maneras, si la moción de Barcelona se extiende a otras poblaciones catalanas donde la práctica de torturar toros en “festejos populares” con la participación activa de miles de personas tiene un origen más supuestamente autóctono, caso de los multitudinarios correbous de Cardona, Olot y decenas de otras poblaciones de la Catalunya interior, también llamada la “Catalunya catalana”.

Una definición del modernismo

BARCELONA 20 MINUTS
2003

El modernismo es hijo legítimo de su mecenas, una burguesía provinciana y medio analfabeta enriquecida con el tráfico de esclavos y la venta de alcohol barato.

Es lógico por tanto que sea un estilo artístico burgués, reaccionario y decadente.

mayo 11, 2004

Sant Jordi, ¿fiesta de la cultura?

IZARONEWS
abril 2004

Un año más, la Diada de Sant Jordi ha inundado con puestos de venta de libros las calles de las principales poblaciones de Catalunya y singularmente del cap i casal, Barcelona. Como cada 23 de abril, la magna celebración de la cultura vuelve a hermanar en el civismo a todo un pueblo, el único que hace de la adquisición y regalo de libros una seña de identidad propia mundialmente admirada, y bla bla bla.

Lo cierto es que no es oro todo lo que reluce en Sant Jordi. Ni mucho menos. Más que toda la ideología autocomplaciente que se ha ido generando alrededor de esta fiesta, brillan en ella con luz propia la lucha por la supervivencia de los libreros -el eslabón más débil en la cadena de la industria del libro- y la caspa cultural que recubre buena parte de nuestra sociedad. Vayamos por partes.

Para empezar, la que casi todos creen celebración tradicional catalana se remonta en realidad, según alguien tan poco sospechoso como Josep Maria Espinàs, a 1954; como tantas otras supuestas antiguas tradiciones del país, su pedigree histórico es casi inexistente. Durante los primeros años de la Transición, que fue cuando verdaderamente despegó la celebración de la Diada del Llibre i de la Rosa y se convirtió en un fenómeno de masas, las principales cajas de ahorro catalanas regalaban un libro a sus impositores en esta fecha. Títulos como Tiburón, Alguien voló sobre el nido del cuco y otros por el estilo eran obsequiados en ediciones especiales encargadas por las cajas y repartidos por decenas de miles en un solo día. Los libreros terminaron por protestar airadamente, ya que la gente en vez de comprar libros se limitaba a recoger el que le ofrecía la entidad financiera de ahorro de la que cada cual era cliente. Las cajas dejaron de repartir libros gratis, y a partir de ahí los libreros empezaron a rentabilizar Sant Jordi.

Del volumen de negocio actual de Sant Jordi, se dice oficialmente que viene representando unos 18 millones de euros, el 10% de la facturación anual del sector. Otras fuentes elevan bastante más ese porcentaje sobre el total de ventas anuales. En cualquier caso, puede afirmarse que mucho entusiasmo por la compra de libros no parece haber en Catalunya –ni en toda España- durante los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año.

Del talante de la mayoría de compradores en esa fecha señalada, da cuenta otro dato sobradamente conocido entre los profesionales del sector: cada año, la inmensa mayoría de ejemplares que se venden por Sant Jordi, tanto en catalán como en castellano, corresponden a un puñado muy reducido de títulos, en general novelas nacidas con vitola de best seller; títulos que son ampliamente publicitados mediante fuertes operaciones de marketing en las semanas previas a la Diada. Hay autores, especialmente en lengua catalana, especializados en publicar y vender como posesos en Sant Jordi.

Cualquier comprador habitual de libros debería sentir tristeza y una cierta vergüenza al comprobar como por Sant Jordi resulta extraordinariamente dificultoso el acceso al interior de las librerías barcelonesas, más abarrotadas de público que el primer día de las rebajas de El Corte Inglés, cuando al día siguiente y todos los restantes días del año uno puede moverse por ellas con toda tranquilidad y espacio dada la escasez habitual de clientes.

Así que ya ven, los catalanes tenemos un día especial para comprar “el libro”, para muchos el único libro que comprarán y tal vez leerán en todo el año. Y encima, nuestros patriotas locales nos venden Sant Jordi como una prueba de la “superioridad cultural” catalana sobre otros pueblos vecinos.

Lo cañí en estado puro, en suma.

El circo de Bono

IZARONEWS
abril 2004

Creía uno, en su inocencia, que una vez tomara posesión el nuevo Gobierno español, lo de “Noticias de la España cañí” iba a quedar sin justificación, y que por tanto, debería reciclar esta colaboración hacia otros contenidos. Hasta que, como el resto del país, tuve ocasión de quedarme estupefacto viendo la que organizó José Bono apenas sentó sus reales en el Ministerio de Defensa. Virgen Santa, que espectáculo.

Realmente, lo de Bono no tiene nombre. El show que montó en su toma de posesión, especialmente las estúpidas, machistas y reiteradas alusiones a la testosterona, fue sencillamente infame. Otra frase para esculpirla en piedra fue esa de que “mi padre fue falangista, y yo no me considero más honrado que él por eso” (sic); y es que hay veces que la sintaxis le deja a uno con el culo al aire. Por no hablar de la corte de invitados de la que se rodeó, entre los que brillaban algunos "progresistas de toda la vida” como Rouco Varela, Raphael, Pedro Jeta Ramírez (del que tuvo el valor de decir "que mientras existieran directores como él, habría libertad de prensa en España"). En fin, tal parecía que el guión del acto y la lista de invitados fueran obra de José Luis Moreno.

Da grima, por lo demás, ver cómo Bono se ha identificado con la caricatura que de él hace el Guiñol del Canal Plus, al punto de usar sin complejos el mismo lenguaje y la misma entonación del muñecote que le representa. No sólo discursea como él, sino que hasta sus “Ejjpaña” son clavados a los de la supuesta réplica de látex, convertida en espejo y modelo de aquél a quien inicialmente pretendía caricaturizar.

Entiendo que a un tipo como Bono es mejor tenerlo dentro del Gobierno y más o menos controlado, aunque sea diciendo sandeces, que fuera y conspirando. Nadie le discute su capacidad de trabajo y eficacia gestora, por otra parte. Entiendo incluso que a ciertos estamentos militares el discurso de Bono puede congraciarles con el Gobierno y con algunas decisiones a tomar por éste en el ámbito castrense. En todo caso, sigo prefiriendo la discreción de Narcís Serra a tanta palabrería populista y casposa.

De verdad, es de pena que a estas alturas el Ejército español siga necesitando a su frente un civil como Bono. Señal de que la conversión a los modos y valores democráticos no ha alcanzado realmente en él la profundidad de la que se alardea en los últimos años.

La Boda del Milenio

IZARONEWS
mayo 2004

Ya falta poco para la Boda del Milenio

Ustedes me disculparán, pero a un servidor, que tiene corazoncito republicano y rojillo, esto del bodorrio principesco y demás festejos asociados con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, mucha ilusión no le hacen, la verdad.

Además, después de la boda de Ana de Agag (antes Anita Aznar), cualquier otra ceremonia nupcial principesca -aunque la oficiara el Papa y en ella se casara el Príncipe de Gales con Alberto de Mónaco, un poner- para mí quedaría muy disminuida, qué quieren que les diga.

Entiendo que los charcuteros del bajo vientre –también conocidos como prensa rosa-, anden afanosos publicitando el evento con toda la trompetería. Ya se sabe que viven de eso –y opíparamente, por cierto-, así que cada cual guarda su viña, como es lógico. Pero lo que ya sería demasiado es pretender que a los contribuyentes nos guste la cosa y que le pongamos atención, como no sea para comprobar lo lucidamente que se han gastado nuestros dineros. No quisiera pasar por demagogo, pero no creo que el sarao tenga mayor interés real.

Francamente, a estas alturas una boda de la realeza es una cosa bastante anticuada. Y ello a pesar de que en los últimos años las Casas Reales se hayan puesto a renovar sangre a todo vapor, agenciándose futuras reinas fuera de los circuitos habituales. Mucha suerte no han tenido, la verdad sea dicha, porque un buen puñado de herederos europeos se han empeñado en uncirse en dulce yugo matrimonial con muchachas que además de plebeyas, han resultado ser unos pendonazos de cuidado, y a las que se les han ido descubriendo turbios pasados como drogadictas, novias de gánsters y hasta hijas de socios de torturadores latinoamericanos.

Felipe de Borbón, por su parte, parece que se había especializado en las modelos, lo que demuestra que el mozo tiene buen ojo para estas cosas. Por eso extraña que al final vaya a tarifar con una presentadora de telediarios de Urdaci, habiendo tenido a mano (nunca mejor dicho) señoras como Eva Sannum, una chica maja, tímida y verdaderamente proletaria; nada que ver con esa especie de Reina Catódica que quienes la conocen dicen que es la Leti.

Además, puestos a sentar a una plebeya en el trono de España, la Sannum al menos garantizaba que los futuros Infantes lo que es hambre no iban a pasar. Y eso ya es algo.