Para entender el oasis catalán. Una sociedad narcotizada (y 3)
INICIATIVA SOCIALISTA
2002
Lo hasta aquí reseñado pretende explicar la narcotización en que vive una sociedad antaño activa e inquieta, y ahora plácidamente acomodada en una siesta de la que al parecer no hay nada que sea capaz de despertarla. Así se entiende que veinte años de gobierno apenas hayan supuesto desgaste para Jordi Pujol y su proyecto político. Éste es el verdadero oasis catalán.
Estamos pues ante un proyecto de dominación social triunfante. Una derecha fea, católica y sentimental, tosca y provinciana, se ha alzado con el santo y la limosna en un país supuestamente ejemplo de modernidad y apertura a todos los aires renovadores. Si para que esto haya sido posible ha sido necesario que la izquierda catalana abdicara previamente de la acción política, o si esta abdicación se ha producido precisamente como consecuencia del éxito sin matices del proyecto ideológico aquí descrito, poco importa ahora y es en todo caso materia para estudio de historiadores y politólogos futuros.
Lo realmente importante en estos momentos es que no hay una alternativa ideológica a quienes gobiernan Catalunya. Hay, en todo caso, una alternativa de gestión de la Administración catalana, pero es probable que esto no sea suficiente para movilizar a las clases trabajadoras del país, quienes, con razón, no aciertan a distinguir entre las propuestas políticas y sobre todo ideológicas que les ofrecen desde el gobierno catalán y desde la oposición de izquierdas.
Esas clases trabajadoras, de las que se niega incluso su existencia -al suponérselas parte integrante de esa gran clase media universal de ficción inventada por los neoliberales-, a las que se les ha arrebatado la iniciativa en la acción política y social que tuvieron en Catalunya durante la Transición, y a las que se intenta despojar de su identidad como clase y hasta de sus propios mitos -diluida aquella en beneficio de una supuesta identidad nacional ilusoriamente superadora de los conflictos de clase, substituidos éstos por el repertorio nacionalista al uso-, siguen viviendo en los distritos periféricos de Barcelona y en las comarcas del cinturón industrial más densamente poblado de la Península.
Hoy como ayer, las personas residentes en esos barrios y en esas poblaciones siguen teniendo intereses de clase específicos y un imaginario colectivo que les pertenece, en oposición frontal a los propios de las clases dominantes de éste país y de cualquier otro. Los hechos son tozudos, decía Marx, y efectivamente es cuestión de tiempo y de oportunidad que los conflictos ahora latentes afloren, incluso si quienes se reclaman como dirigentes políticos y referentes culturales de la izquierda catalana siguen empeñados en mantener el consenso ideológico con sus adversarios naturales y en perseverar en la inanidad política e intelectual frente a ellos.


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