Para entender el oasis catalán. El modus operandi (2)
INICIATIVA SOCIALISTA
2002
El éxito del nacionalpujolismo como encarnación del pensamiento único política y socialmente correcto en Catalunya, se debe precisamente a la habilidad conque se ha sabido integrar en él la defensa de los intereses de sectores muy concretos de ésta sociedad, articulándolos y elevándolos a la categoría de intereses generales, y a la capacidad que ha demostrado para generar complicidades fidelizando a los beneficiados por las actuaciones emprendidas bajo su paraguas.
Así, no ha resultado difícil conseguir que comulguen en él no sólo la clase política del país, incluida la mayor parte de la formalmente opositora, sino también sectores intelectuales y profesionales no en todos los casos directamente paniaguados aunque sí siempre promocionados, y también amplias capas populares incapaces de sustraerse a la emoción de un discurso interclasista y bienpensante, tan falsario como halagador para quienes deciden participar en la ficción comunitarista de una construcción nacional que difícilmente concluirá alguna vez, porque, en el fondo, sus impulsores tampoco están demasiado interesados en culminarla en el sentido que dicen demandar.
La ventaja de tener todo un país por construir de aquí a que suenen las trompetas del Apocalipsis, y de disponer para hacerlo de una bien engrasada máquina administrativa -creada desde cero y por tanto modelada a gusto-, es que puede haber sitio y futuro para todos los que, por convencimiento personal o simplemente por carecer de escrúpulos, quieran sumarse al juego. El nacionalismo catalán contemporáneo no divide a los catalanes en razón de RH’s o capacidades craneales, según practican el modelo nacionalista vasco y otros modelos etnicistas y paracientíficos similares, sino en base a la participación o no en una comunión de pensamiento nacionalista a la que en principio todos, sin exclusión, son llamados.
Una amplísima red de grupos, asociaciones y entidades de todo tipo, asociadas al poder y generosamente subvencionadas desde él, constituyen el verdadero armazón sobre el que se sustenta y trenza todo el entramado civil del invento. La capacidad de penetración social del tinglado abarca desde las élites intelectuales del país -a las que se corrompe mediante la creación de universidades políticamente correctas y ricamente dotadas, en tanto las universidades públicas malviven en el abandono y la masificación- hasta los clubs de petanca de barrio frecuentados por jubilados, desde las asociaciones consagradas a la promoción de la cultura tradicional catalana en su versión más light y rancia hasta las organizaciones de inmigrantes de carácter folklórico y apolítico.
Una abundante ensayística y novelística subvencionadas, por último, facilita argumentarios que, en función del público destinatario, apelando en unos casos al irracionalismo sentimental y xenófobo, y en otros, a un cientifismo que se quiere objetivo y suele resultar por contra burdamente manipulador, crea o actualiza mitos y conforma conciencias. Una caterva de historiadores a sueldo viene reescribiendo el pasado reciente o lejano con ejemplar dedicación y resultados ciertamente notables.
Para los refractarios, para los que se autoexcluyen, queda un muy musculado despliegue de retórica sectaria, de arrogancia y de prepotencia. Sea desde los medios de comunicación, desde el mundo asociativo o desde la simple charla de café, el pensamiento único nacionalista es propagado y esgrimido contundentemente contra cualquier disidencia, por matizada que ésta sea, por verdaderos e incansables naciópatas.
Esa presión coactiva forma parte ya de una manera de vivir la cotidianeidad política y social, en la cual, el hecho de que no se produzca violencia física contra los no asimilables se debe más al alto grado de eficacia alcanzado mediante aquella, que a un pacifismo que no suele ser más que puro oportunismo y a una moderación que mal se compadece con la agresividad y crispación que muestra tanto encendido patriota a poca oportunidad que tenga.
Semejante ambiente constituye un caldo de cultivo idóneo para que la corrupción económica florezca con tanta potencia como discreción. Y así es. No sólo los círculos próximos al poder se lucran directamente (casos Casinos, lotería catalana, De la Rosa, fondos de la Conselleria de Treball, etc), sino que más allá de ese primer nivel, y difundiéndose en círculos concéntricos, los suculentos beneficios obtenidos riegan capilarmente insospechados recovecos del país; al cabo, todo queda en casa, y muchos acaban por recibir su porción tarde o temprano.


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