La Boda del Milenio
IZARONEWS
mayo 2004
Ya falta poco para la Boda del Milenio
Ustedes me disculparán, pero a un servidor, que tiene corazoncito republicano y rojillo, esto del bodorrio principesco y demás festejos asociados con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, mucha ilusión no le hacen, la verdad.
Además, después de la boda de Ana de Agag (antes Anita Aznar), cualquier otra ceremonia nupcial principesca -aunque la oficiara el Papa y en ella se casara el Príncipe de Gales con Alberto de Mónaco, un poner- para mí quedaría muy disminuida, qué quieren que les diga.
Entiendo que los charcuteros del bajo vientre –también conocidos como prensa rosa-, anden afanosos publicitando el evento con toda la trompetería. Ya se sabe que viven de eso –y opíparamente, por cierto-, así que cada cual guarda su viña, como es lógico. Pero lo que ya sería demasiado es pretender que a los contribuyentes nos guste la cosa y que le pongamos atención, como no sea para comprobar lo lucidamente que se han gastado nuestros dineros. No quisiera pasar por demagogo, pero no creo que el sarao tenga mayor interés real.
Francamente, a estas alturas una boda de la realeza es una cosa bastante anticuada. Y ello a pesar de que en los últimos años las Casas Reales se hayan puesto a renovar sangre a todo vapor, agenciándose futuras reinas fuera de los circuitos habituales. Mucha suerte no han tenido, la verdad sea dicha, porque un buen puñado de herederos europeos se han empeñado en uncirse en dulce yugo matrimonial con muchachas que además de plebeyas, han resultado ser unos pendonazos de cuidado, y a las que se les han ido descubriendo turbios pasados como drogadictas, novias de gánsters y hasta hijas de socios de torturadores latinoamericanos.
Felipe de Borbón, por su parte, parece que se había especializado en las modelos, lo que demuestra que el mozo tiene buen ojo para estas cosas. Por eso extraña que al final vaya a tarifar con una presentadora de telediarios de Urdaci, habiendo tenido a mano (nunca mejor dicho) señoras como Eva Sannum, una chica maja, tímida y verdaderamente proletaria; nada que ver con esa especie de Reina Catódica que quienes la conocen dicen que es la Leti.
Además, puestos a sentar a una plebeya en el trono de España, la Sannum al menos garantizaba que los futuros Infantes lo que es hambre no iban a pasar. Y eso ya es algo.


0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home