mayo 28, 2004

En memoria de Terenci Moix

MARXISMO y otros foros
abril 2003

Ayer falleció en Barcelona el escritor Terenci Moix. Tenía 61 años, y padecía un enfisema pulmonar muy avanzado como consecuencia de su adicción al tabaco.

Terenci Moix fue a la vez irreductiblemente barcelonés y hombre sin fronteras en todos los sentidos. Como persona y como personaje público, Terenci jamás tuvo nada que ver con los estereotipos del patricio catalán o del señorito español, arquetipos a los que despreciaba profundamente. Hombre de izquierdas, homosexual, antifranquista, de carácter tan dulce como irónico, deja legiones de amigos y de admiradores, entre los que desde luego no se cuentan los representantes del establishment cultural español o catalán, a quienes no perdía ocasión de escandalizar, zaherir y dejar en ridículo en sus apariciones en los medios.

Sus entrevistas en televisión -cuando desde el poder de turno las permitían-, las convertía en auténticos espectáculos donde asistentes y espectadores acababan riendo a carcajadas al tiempo que aprendían cosas nuevas. Sus pasiones fueron el Egipto antiguo, el cine del Hollywood clásico y la ópera, y sobre ellos escribía con amenidad y erudición. Escritor inmensamente popular, sus novelas se vendían por cientos de miles. Su público era mayoritariamente la gente sencilla y de clase trabajadora, y las clases medias ilustradas y sin prejuicios "patrióticos". Es casi imposible subirse al metro o al autobús en Barcelona y no encontrar a alguien leyendo una novela de Terenci. De "el sueño de Alejandría" por ejemplo se llevan hechas 40 ediciones en 15 años.

De su sentido del humor y de su coraje cívico dan cuenta los que han sido sus últimos gestos. Ayer uno de sus amigos narraba en un programa de la SER cómo la tarde antes de fallecer, Terenci, fumador compulsivo hasta el final, les pidió a quienes le acompañaban que junto a la urna con sus cenizas pusieran un paquete de cigarrillos y, "desde luego", un encendedor, porque dejarle sin fuego "allá" sería una "gran putada". Otro gesto suyo ha sido prohibir tajantemente que tanto a su velatorio como al funeral civil asistan políticos del PP o de CiU, es decir de la derecha española y de la derecha nacionalista catalana. La capilla ardiente se ha instalado en el Saló de Cent, el espacio más noble del Ayuntamiento de Barcelona, y entre ayer tarde y hoy son miles los ciudadanos de a pie que van pasando por allá para despedirse de él. Por último, Terenci dispuso que sus cenizas sean aventadas a la entrada del Valle de los Reyes, en Egipto, sobre los restos de la ciudad y el cementerio donde vivieron y fueron enterrados los trabajadores que construyeron los antiguos monumentos egipcios. El, que amaba profundamente el arte y la cultura egipcia, decía que todo aquello lo habían hecho posible no los reyes y los sacerdotes, sino el pueblo que con su trabajo levantó esas maravillas.

Hoy, en COM Radio, el responsable (es un decir) de Cultura del Gobierno de la Generalitat, el gobierno autónomo nacionalista catalán, se lamentaba hipócritamente de que Terenci hubiera muerto sin haberle impuesto antes la Cruz de Sant Jordi, la máxima distinción que otorga la Generalitat, distinción que por cierto reparten a docenas cada año a mindundis que viven de las subvenciones públicas por el mero hecho de escribir en catalán o que sencillamente comulgan con ideas nacionalistas, gentecillas en todo caso de mucha menor categoría que quien ha sido probablemente el escritor catalán más importante del último cuarto de siglo. Pero Terenci era un tipo incómodo, un catalán que escribía en castellano sencillamente porque le daba la gana, y que no perdía ocasión de mofarse de la "cultureta" catalana y sus miserias pesebristas. El jamás recibió honor alguno del Gobierno catalán, y probablemente no lo hubiera aceptado. A buen seguro que si los mandamases de la cultura catalana hubieran intentado condecorarle, Terenci, con su humor mordaz, les hubiera indicado con toda precisión el sitio por donde podían meterse su Cruz de Sant Jordi y sus elogios.

Moltes gràcies, estimat Terenci.