mayo 27, 2004

Carta abierta a Joan Clos

INICIATIVA SOCIALISTA
junio 2004

Estimado compañero,

Me dirijo a tí como militante de base del PSC que soy, organización política de la que tú eres dirigente y en representación de la cual has sido cabeza de lista en Barcelona en las elecciones municipales celebradas el domingo 25 de mayo.

Lo hago para manifestarte que estoy muy decepcionado con vosotros. Decepcionado contigo y con el resto de dirigentes del partido.

Mi decepción no tiene que ver tanto con los resultados obtenidos por el PSC, resultados que siendo malos no son todavía catastróficos, sino con vuestra ligereza a la hora de valorarlos, y sobre todo, con la manera en que los habéis hecho inevitables.

Porque, claro, estos resultados no vienen de la nada: por contra, son la consecuencia lógica de las políticas llevadas a cabo en la ciudad y en todo Catalunya, y sobre todo, de la filosofía que inspira estas políticas.

Unos 60.000 barceloneses que votaron la candidatura que encabezabas en las municipales de 1999, no han votado ahora la nueva lista. Habría que añadirles los otros miles de ciudadanos y ciudadanas que a lo largo de los últimos 25 años votaron nuestras candidaturas, y que en algún momento decidieron no volver a votarnos y pasar a la condición de abstencionistas.

Un ejemplo: en el barrio de Carmel, que se supone es uno de nuestros bastiones, sólo votó alrededor del 50% de los censados. Como siempre, muchos puntos por debajo de los barrios acomodados. Y quien dice Carmel, dice Nou Barris, Sant Martí o cualquier otra zona obrera de la ciudad.

Es necesaria ya una explicación de todo esto.

En realidad, tú mismo ofreciste indirectamente la clave la noche del domingo, cuando declaraste públicamente que en estas elecciones la “política” se había impuesto a la gestión; es decir, las elecciones municipales se habían “politizado” (sic).

De entrada, encuentro sorprendente que a un dirigente de un partido socialista la “politización” le parezca algo no deseable, cuando cualquier socialista de base sabe que todo es política en nuestras sociedades contemporáneas. Política, y también ideología.

Apelar exclusivamente a la gestión como capital a presentar en unas elecciones municicipales explica claramente cúal es la ideología de quien eso hace. La gestión por sí misma no define políticamente nada, ya que cualquier profesional de la política que sea honrado aspira a ser un buen gestor de la cosa pública. Y para gestionar bien no es necesario ser de izquierdas; en realidad, los “buenos gestores” sin más, los tecnócratas, suelen ser de derechas, o al menos, hacen políticas de derechas.

Se dirá que Barcelona es una ciudad bien administrada. ¡Sólo faltaría, que no lo fuera!. La honradez y la capacidad es algo que se debe dar por sobreentendido en los hombres públicos, y más en los que representan a partidos de izquierdas.

Pero para un político de izquierdas, la gestión no es un valor absoluto en sí mismo, sino un instrumento de transformación de la realidad. La pura administración de los recursos públicos de manera eficiente entendida como finalidad en sí misma, conduce inevitablemente al apoliticismo de los gestores primero, e inmediatamente detrás, de los decepcionados administrados.

Y hay que recordar que, en democracia, el apoliticismo y el abstencionismo son las dos armas básicas de las derechas para mantener a las izquierdas lejos del poder.

Los barceloneses y barcelonesas de izquierdas queremos mucho más que una buena administración de la ciudad.

Queremos una política de izquierdas para nuestra ciudad. Una política que no sólo mejore el aspecto de nuestros barrios e implemente nuevos servicios, sino que por encima de eso, o mejor dicho, articulándolo en un nivel superior, sea capaz de ilusionar a la gente haciéndola participar en un proyecto político de transformación social, en un verdadero proyecto socialista, que cuestione las bases de la sociedad injusta en la que vivimos.

Y que las cuestione no sólo desde el punto de vista económico y social, sino también ideológico, y por tanto, cultural.

Basta de concesiones a la ideología de la burguesía catalana. Devolvednos nuestro imaginario colectivo, el propio de las clases trabajadoras y populares de esta ciudad y de todas partes; ya estamos hartos de símbolos y mitos burgueses impuestos.

Dicho más gráficamente: más banderas rojas y menos senyeres.

Cada cual es hijo de su clase social, hecho que condiciona decisivamente su cosmovisión y la actuación vital y política que se puede esperar de él. Por tanto, basta de dirigentes de extracción burguesa. En los barrios de clase trabajadora no podemos entender que seáis los hijos de la burguesía catalana quienes interpretéis nuestras necesidades y nuestras esperanzas, y los que gestionéis nuestras organizaciones políticas.

Queremos dirigentes que sean como nosotros y que piensen como nosotros.

Basta de esta clase política transversal, integrada por profesionales perfectamente intercambiables entre las distintas formaciones políticas catalanas.
Basta de pactos que no sean con fuerzas realmente de izquierdas. Vuestra política de alianzas ha permitido el crecimiento en la ciudad y en toda Catalunya de una fuerza política burguesa, ideológicamente reaccionaria y nacionalmente irredentista.

Basta de proyectos de reordenación de la ciudad que, con razón o sin ella, transmiten la sensación de vacío conceptual, y dan pie a operaciones de gran alcance financiero difícilmente asumibles desde el proyecto socialista.

Basta de campañas institucionales y políticas que tratan a la gente como a elementos a los que se puede condicionar, dirigir y hasta programar mediante técnicas de un márketing tan agresivo como simplista. Son un verdadero insulto a la inteligencia.

Basta de tanta autosatisfacción que a menudo transmite una idea de ciudad abrumadoramente lejana de realidades sociales muy duras y cotidianas: paro, inmigración, especulación, desarraigo, marginación, envejecimiento...., son problemas reales y crecientes en la Barcelona de hoy. Menos triunfalismo y más sensibilidad social.

Basta de considerar al partido como tropa auxiliar forzosa de la acción de gobierno.

Basta de fichajes de independientes directamente cooptados a cargos de representación, cuando se trata de personas que en la mayoría de los casos nada aportan al proyecto socialista.

Basta de cooptar dirigentes políticos entre los que integran los círculos de poder en cualquier nivel dentro del partido, y basta de promocionar militantes en razón no de su capacidad sino de su grado de adhesión al poder interno.

Basta de mantener la ficción de unas agrupaciones territoriales inexistentes.

Tenemos cuatro años hasta las próximas municipales. Todavía hay tiempo. Este habría de ser el momento en que tú mismo comiences a preparar de manera ordenada tu relevo y el de tu equipo.

Un relevo que permita que dentro de cuatro años, la candidatura municipal socialista esté formada por un conjunto de compañeros y compañeras que expresen abiertamente la voluntad de llevar a cabo el proyecto socialista de transformación social en nuestra ciudad.

Una candidatura en suma que pueda ser reconocida por las clases trabajadoras y populares de la ciudad como la plasmación de su voluntad de cambio hacia el socialismo, y a la vez, como el mejor y más eficaz instrumento para llevarlo a cabo en Barcelona.